miércoles, 20 de junio de 2018

Entre esos 36



Por Luis R. Carrera

Cuando Guillermo La Rosa batía a Jozef Mlynarczyk en arco Norte de Riazor, la hinchada nacional ya sufría la decepción más grande que la fanaticada había padecido desde las eliminatorias del 61 pues hasta minutos antes de encajar los 5 goles polacos, todo el Perú vivía entusiasmado con la fuerza de sus ríos, la fe de sus montañas y los goles de Cubillas. Muchos fueron los cuestionamientos, ya que todos querían ver a esa Blanquirroja que conquistó el Parque de los Príncipes, pero quedaba la confianza en que seguíamos estando entre los mejores de Sudamérica y todo volvería a la normalidad clasificando al siguiente mundial.




Más tarde vendría el gol de Gareca sobre la hora, los errores de Acazuzo y principalmente, el fin de la generación que más lauros diera al fútbol peruano para dar paso a décadas de sinsabores que cada vez nos quitaban con más fuerza la ilusión de volver a teñir de rojo y blanco los terrenos mundialistas. Han sido en total 36 años los que esta sufrida hinchada ha tenido que esperar para volver a ver a su selección en una Copa del Mundo y dada la cantidad de años de ausencia en estas lides, es necesario registrar los motivos por los cuales el Perú fue relegado de la órbita mundial del Deporte rey pues, así como recordaremos por siempre estos momentos de alegría, es igual de importante tener en cuenta qué errores se cometieron en los años de debacle.




La época posmundial

A la par del fracaso en tierras españolas, por estos lares se venía gestando una nueva forma de llevar a cabo el torneo local, la que se empezaría a probar ese mismo año 82 y que para 1984 se convertiría en el sistema definitivo para los campeonatos bajo el discurso de descentralizar el fútbol peruano dando mayores oportunidades a los clubes del ascenso. Este sistema no sería otro que los Regionales, la nueva modalidad que se impuso en el balompié nacional ideada por el inefable Ricardo Miranda Tarrillo (“Rimita” para los amigos). Este torneo consistía en dividir el campeonato en regiones (Norte, Centro, Metropolitana, Sur y posteriormente Oriente) albergando mayor cantidad de equipos que en los años anteriores, donde no se mantenía un promedio entre 16 y 20 cuadros. Gracias a este esquema, cada temporada el número de equipos aumentaba sin que los entes encargados de regular las competiciones pudieran hacer algo al respecto, situación que era aprovechada por quienes manejaban los clubes beneficiados por este sistema. Finalmente tendríamos torneos con 44 equipos participantes que volverían la situación más caótica cada temporada pues el problema se trasladó a las divisiones de ascenso, donde incluso se llegó a inventar nuevas categorías (como la División Intermedia) para tratar de mantener un formato que a la larga daría al fútbol peruano la misma validez que el Falso Paquisha.




Esta forma de conducir el torneo nacional se desarrolló sin tomar en cuenta un factor fundamental que nadie reparaba en analizar: Lima seguía siendo el centro de todo en territorio nuestro. Toda la atención se centraba en el devenir de los grandes de la capital y el primer puerto, siendo esa desproporción lo que haría que la poca o nula cobertura al fútbol de las otras provincias generara escándalos deportivos en los años posteriores. Mientras tanto, el Vaso de Leche de Alfonso Barrantes alimentaba a los niños de las zonas marginadas de Lima y Sendero Luminoso ya planeaba expandirse más allá de tierras ayacuchanas.




El impulso de esta nueva forma de torneo fue una de las causales de la aceleración de nuestra crisis futbolística pues ampliaba de manera desmesurada el número de equipos participantes, lo que hacía difícil que la Federación Peruana de Fútbol (FPF) no fuera capaz de controlar su propia liga profesional pues incluso no se llegaba a saber con exactitud cómo se venía jugando el torneo. Y en tanto el campeonato se desarrollaba con este sistema, ya no inspirábamos respeto en la Copa América, habíamos perdido un equipo completo en un accidente y la selección hacía 0 puntos en su camino a Italia 90, proceso en el que José Macía “Pepe” nos alertaba del peligro de aquellos Regionales para el fútbol peruano mas al ser considerado el gestor de la catástrofe eliminatoria, no fue escuchado. Hacia finales de la década, los triunfos de nuestros llamados grandes sobre argentinos y brasileños en Copa Libertadores nos hacían olvidar por un momento que el Inti no valdría lo mismo al día siguiente y que un “coche bomba” perturbaría nuestra tranquilidad en cualquier momento.




Debacle y aparente resurgimiento

Los años 90 comenzaron con una hiperinflación en su máxima expresión (gracias por tanto, APRA) Sendero Luminoso inmerso en ciudades y comunidades campesinas, alerta de shock económico y los primeros esbozos a gran escala de guerra sucia electoral, elementos que se movían al ritmo de los “tonos” de la Carpa Grau. Es en este acogedor paraje que el fútbol peruano empezaba la década dando los mismos tumbos que al culminar los 80, pues seguíamos con los Regionales a cuestas y esta ve más destructivos que nunca, pues el centralismo deportivo ya mencionado tendría su detonante en los llamados “Partidos fantasmas”, encuentros que se arreglaban previamente entre dirigencias las cuales pactaban el resultado de muchos partidos sin jugarlos. Esto ocurrió principalmente en el centro del país, donde la cobertura del fútbol en esta parte del Perú era casi nula y fue precisamente el descubrimiento de estos arreglos lo que llevaron a la Federación a suprimir este sistema de torneos para 1991. Justamente en estos primeros años de la década es que empezamos a sufrir las consecuencias de ese nefasto sistema pues el pobre nivel de muchos de los equipos promovidos por los Regionales hizo descender el nivel del fútbol peruano en general ya que este intento de descentralizar el campeonato no hizo otra cosa que acrecentar la brecha entre los cuadros capitalinos, siempre candidatos al título, y los del resto del país, sumidos en la mediocridad.





Por ese entonces la selección era un fiel reflejo de lo que ocurría al interior del campeonato local y en lo referente a instancias superiores entraba a la Federación Peruana de Fútbol el recordado Nicolás Delfino, quien ingresaba al máximo ente de nuestro balompié como el abanderado de la renovación al defender la eliminación de los Regionales para dar paso al retorno del Descentralizado y que además traía consigo a un subalterno con ansias de poder mayores a las de Don Nicolás quien respondía al nombre de Manuel Burga.




Es en esta época que surgen los primeros diarios deportivos y con ellos la consolidación de la humareda informativa que tímidamente se había asomado en años anteriores. Serían estos nuevos medios de prensa los que continuarían una costumbre que no se pudo erradicar en estos ámbitos junto con los Regionales: el seguir teniendo Lima como el principal foco de atención. Universitario, Alianza y Cristal coparían cada vez las portadas en desmedro del resto de equipos que serían mostrados como meras comparsas de los “3 grandes” por más que no siempre den la talla en torneos internacionales. Mientras el humo se instalaba y muchos seguían aplaudiendo el Autogolpe del 92 mientras lamentaban la absurda muerte de Ramón Anchisi, Abimael Guzmán ya vociferaba tras una reja en la Base Naval, Fujimori implantaba los mandatos del Consenso de Washington y el cólera empezaba a dejar de ser una amenaza para la salud pública.





A lo largo de los 90 sufrimos también las consecuencias de la dejadez en el trabajo en divisiones menores, espacio en el que ya sonaba con fuerza el término “argolla” en muchas ocasiones mientras que en otras el trabajo simplemente era nulo, como ocurría en los equipos fuera de Lima, lo que reducía nuestro universo de jugadores a lo que podían sacar los llamados grandes. El resultado: Pésimos resultados tanto a nivel de Sub-17 como en Sub-20 y Sub-23, categorías en las que, si bien se podían obtener buenas individualidades para el Descentralizado, estas no funcionaban en los Sudamericanos por el escaso roce internacional que tenían las selecciones juveniles. Y mientras padecíamos a nivel de canteras, ya habíamos sido eliminados vergonzosamente de EE.UU. 94, una salmonelosis nos perjudicaba en plena Copa América y el reelecto Alberto Fujimori privatizaba el país como si no hubiera mañana.



Para la segunda mitad de la década la llegada de Juan Carlos Oblitas a la dirección técnica del Equipo de todo daba cierta tranquilidad al tener a alguien que conocía el medio pero que igual generaba incertidumbre sobre su accionar y aunque el inicio fue malo, con el paso del tiempo fue dándole mayor solvencia a la Bicolor en base a un esquema y un grupo humano que él conocía a la perfección y que cerca estuvo de lograr el ansiado retorno a los mundiales. Lamentablemente el proceso terminaría con una dolorosa eliminación a manos del rival de toda la vida en uno de los partidos cuyo recuerdo mayor pesar genera en el subconsciente de la fanaticada, encuentro en el que podemos encontrar otro elemento que había sido una constante en los últimos procesos y que el “Ciego” no pudo remediar: La falta de actitud antes situaciones adversas o de riesgo. El decaimiento psicológico frente a la presión había rondado en otros momentos del balompié peruano, pero sería en esta época crítica en que se haría más notorio. La pérdida de moral debido al agasajo chileno, sumado a los puntos perdidos al inicio de la eliminatoria fueron los factores que nos impidieron pisar Francia al siguiente año. Aquella eliminación causó una tristeza tan grande como el ver cómo Luchetti invadía los pantanos de Villa o ver que nadie le creía a Leonor La Rosa. Mención aparte, es importante resaltar la histórica campaña de Sporting Cristal en la Libertadores de ese 1997 (temporada que yo he denominado “El año del casi”), en donde fue finalista, y las semifinales alcanzadas por Universitario de Deportes en la Copa Conmebol.




En últimos años de la década del 90 la selección peruana mantuvo de cierta forma el nivel alcanzado en la reciente eliminatoria y todos aplaudían que Universitario se consagraba como el monarca del fútbol peruano al final del siglo y ya armaban los preparativos para la eliminatoria del año siguiente, pero al mismo tiempo se percibía que a nuestras espaldas los medios de comunicación ya habían sido comprados por el deplorable régimen fujimorista, el libre mercado nos traía propagandas con gente blanca como el modelo a seguir, los Talk Shows se adueñaban de la programación diaria, muchos ya hablaban de algo llamado Internet y esperábamos con más incertidumbre que ansias la llegada del año 2000.



El “matemáticamente”, el “Liquide Mendoza” y la juerga

Mientras Vladimiro Montesinos, con la venia de Alberto, arreglaba todos los detalles para un nuevo triunfo electoral, la afición se ilusionaba con un nuevo inicio de eliminatorias. Las aceptables campañas de Perú en las últimas eliminatorias y Copa América hacían presagiar que una clasificación ahora sí era posible más aún cuando el “Chorri” nos hacía ver a todos cuánto amaba al Perú. Por ese entonces Francisco Maturana instauraba el verso a nivel de dirección técnica y Claudio Pizarro era ofrecido como la nueva esperanza de la Blanquirroja, algo que hiciera que ya nos viéramos en el Mundial con tan solo 2 fechas jugadas. Ambos serían defenestrados a posteriori, uno más temprano que el otro. 




El camino a Corea-Japón iría empeorando con el pasar de las fechas, pero el fraude electoral haría que la coyuntura deportiva pase a un segundo plano, al punto que tamaño engaño a la población tuvo que ser combatida por los 4 Suyos. Surgía la figura de Alejandro Toledo como el abanderado de la lucha contra la corrupción mientras la prensa comprada por Fuji y Vladi se ensañaría con más fuerza que antes contra el hijo ilustre de Cabana y todo aquel que alzara la voz contra la re-reelección del ingeniero.






Las derrotas que se fueron dando en esa campaña serían tan decepcionantes como la re-reelección de Fujimori, con la diferencia de que el régimen de este último tuvo su fin al poco tiempo de haberse impuesto (gracias “Patriota”), mientras que la caída a pique de la Bicolor no tenía cuando acabar. Fue en ese momento que Julio César Uribe nos decía que matemáticamente aún había posibilidades de ir al mundial, frase que nos sirvió de entretenimiento mientras veíamos por televisión cómo Turquía y Senegal dejaban en alto sus nombres en la élite mundial, a diferencia nuestra. Pasada la efervescencia de Corea-Japón, Delfino culminaba su dominio en la Federación para dar paso Manuel Burga, su mano derecha en todos esos años quien por fin alcanzaba el poder que tanto había anhelado. Sería precisamente la gestión de Manuelito, la primera de las tantas que el hombre se dio el gusto de liderar, la que traería a Paulo Autuori, técnico de trayectoria internacional con quien se creía por fin volveríamos a la Copa del Mundo por el cartel que este nuevo DT traía consigo. En ese momento, Alejandro Toledo imponía la “Hora Cabana” en tanto que las universidades estatales se reorganizaban luego de años de injusta intervención. En paralelo, el SUTEP dirigía una huelga docente que me dio el tiempo necesario para apreciar el fútbol con mayor comodidad; así mismo, una huelga de jugadores le permitía al Cienciano enfocarse únicamente en la Copa Sudamericana, torneo que finalmente ganaría para sorpresa nuestra y sobre todo de Fox Sports. Freddy Ternero se convertía en ese momento en el peruano más ilustre del nuevo siglo.




Lamentablemente, a nivel selección los resultados fueron casi los mismos que en la eliminatoria anterior, aunque con menos verso, mientras Pizarro empezaba a ganarse la antipatía de la hinchada y Andrés Mendoza se convertía en protagonista del blooper de mayor celebridad en la historia de nuestro ‘julbo’ (el nivel era tal que por estas tierras que el fútbol adoptaba este nombre), lo que originaría que al poco tiempo el ‘profe’ Autuori se fuera por la puerta falsa, la misma por la que entraría Freddy Ternero para tratar de apagar el incendio futbolero. 




Pero más allá de aquel gol fallado, por estos años también nos encolerizábamos por una un problema que ya se había hecho una costumbre en nuestros jugadores: La falta de profesionalismo. Desde mediados de la década pasada era de conocimiento público que muchos peloteros del medio no terminaban de asumir que lo suyo era un trabajo y adoptaban actitudes dignas de un parroquiano cualquiera. Como consecuencia de ello, aquellos que deberían destacar en medios deportivos terminaban siendo figuras no en la cancha sino en notas de espectáculos. Era ya algo normal ver cómo muchos que alguna vez fueron considerados promesas eran descubiertos por cámaras de televisión realizando una mortal combinación entre el culto a Baco y el pago a la tierra antes o después de los partidos. Fue así cómo el fútbol y la farándula se entrelazaron de una forma inesperada, al mismo tiempo que frustrante. Por si todo esto fuera poco, Manuelito Burga se confabulaba con Arturo Woodman para realizar mayor atentado al deporte de esos años: La instalación de canchas sintéticas, la cuales sirvieron para el Mundial Sub-17 que organizamos en 2005 y también para perjudicar la integridad de muchos jugadores, en el norte del país principalmente.




Y como toda costumbre termina por manifestarse en nuestro entorno, esta no fue la excepción. El año 2007 estaba por acabar y la opinión pública sentenciaba la recordada juerga del Hotel Golf Los Incas, la mayor muestra de indisciplina en nuestra historia futbolera impulsada por los consagrados de aquel entonces, quienes serían castigados y mermarían el rendimiento de una selección que jamás encontró el rumbo y se ganó a pulso el último lugar de la eliminatoria. Este bochornoso incidente que traía consigo todos los condimentos de la mala formación y la manera de pensar del jugador peruano de aquel momento nos hacían ver cuán lejos aún estábamos de la élite futbolera, por lo que toda nuestra esperanza recayó en aquellos “Jotitas” que, en su mayoría no recibieron el apoyo de sus clubes, sufriendo así lo que todo canterano de esos tiempos pasaba en el ‘julbo’ peruano.




Por esos días, Manuel Burga ya movía todas las influencias posibles para que su mandato en la FPF se prolongue hasta el infinito. ¿Cuál era la jugada? Sabía de la importancia de la Copa Perú, más que para el bien del fútbol peruano, para el interés de los presidentes de las ligas departamentales. Por ello, conversaba previo a cada elección con cada directivo a quienes prometía mantener sus beneficios (entre los que se encontraba la perennización de este peculiar torneo), a cambio de que le entregue su voto en los comicios. Esta negociación terminaba siempre con saldo positivo para Manuelito, quien repetía la operación las veces que fueran necesarias para encubrir sus desfalcos. Ni la inhabilitación que nos impusiera la FIFA en el 2008 pudo sacarlo del poder. Quien sí pudo salir de la impunidad fue el ahora detenido Alberto Fujinori, quien luego de volver torpemente al esta parte del mundo luego de su exilio en Japón (apelando a la frágil memoria peruana) fue extraditado de Chile hacia nuestro país en donde empezaría a afrontar los cargos en su contra por sus 10 años de cuestionable gobierno.







A finales del primer decenio del siglo XXI, Alan García nos enseñaba desde Palacio que el verso aún servía para que el pueblo olvide las barbaridades cometidas. Desgraciadamente para él, el ‘floro’ no le ayudaría a afrontar que Moquegua se paralizaba en defensa de su canon minero y mucho menos le fue de ayuda al momento de querer poner freno con prepotencia e ignorancia a la protesta del pueblo awajún en la Curva del Diablo (una vez más, gracias por tanto APRA). Previo a estas catástrofes gubernamentales, el argentino Ricardo Gareca iniciaba sin proponérselo, un vínculo con el fútbol peruano que terminaría prologándose con el tiempo, Phillip Butters se convertía en la voz de todos los peruanos al momento de criticar las deplorables y eternas gestiones de Burga al mando de la Federación (quien ya tenía todo arreglado para atornillarse una vez más en el poder) y a ras de campo, seguíamos dando tumbos en lo referente al trabajo en Menores.  Lo nuestro ya parecía una condena.





El decenio del renacer

1: “¡Ya estoy podrido de los rótulos!”




Comenzábamos los años 2010 con un sentimiento de animadversión hacia la Bicolor, las “argollas” estancaban el poco trabajo en categorías juveniles, la informalidad dirigencial encabezada por “Pepe” Mallqui y Juvenal Silva ponían el fútbol profesional fuera de Lima al mismo nivel de la Copa Perú (torneo que convertía aún más en ‘julbo’ a nuestro fútbol) mientras que Julio Pacheco y “Pocho” Alarcón llevarían a los más grandes del país a una era de corrupción que les generaría perjuicios de los que hasta ahora no se recuperan. Es en medio de esta situación que un viejo conocido volvería a nuestra tierra patria, esta vez para tomar el mando de la Blanquirroja. Serio Markarián asumía como DT de la selección y sus primeros triunfos harían revivir, una vez más, la ilusión del hincha.




En esos primeros años, el otrora “Capitán Carlos” iba por su revancha electoral y aprovecharía que la mitad del Perú más 1 se movilizaba en contra del retorno del fujimorismo, ahora representado por la hija del dictador, para plegarse a esta parte del país, la cual le daría su apoyo para llegar a Palacio. Era la época de oro de la Izquierda ultra light, las robóticas marchas del Movadef, las movidas de la Concentración de Medios y los goles de Paolo en Argentina, que terminaron por avalar el “ratoneo” del Mago, método que el entrenador negaría frente a las cámaras pero que seguiría promoviendo fuera de ellas.






Mas como no todo puede ser felicidad en estas tierras, entraría nuevamente al ruedo uno de los principales enemigos del deporte peruano: la prensa escrita. A través de 3 de los 4 diarios deportivos que conocemos, el retorno de los suspendidos para la eliminatoria de Brasil les dio a nuestros escribas deportivos la idea de sellar una denominación para los más destacados del combinado patrio. Fue así que nació el nombre de Los 4 fantásticos, grupo que, pese a no tener una consistencia real, al mismo estilo de The Monkees, hizo que los denominados creyeran realmente que eran los 4 fantásticos y que crearan una élite interna en cada concentración que a quien pisara la VIDENA le daba la impresión de estar en el límite de Las Casuarinas con Pamplona Alta. El humo de la prensa deportiva había cumplido su cometido.



Obviamente un grupo en esas condiciones no iba a ser capaz de lograr algo positivo, más aún cuando el estratega prefería pelearse con los periodistas antes de encarar los ímpetus de grandeza del “Bombardero” y la indisciplina del “Loco”. El resultado de todo esto no sería otro que una nueva eliminación cargada de la sangre de Guerrero y el llanto de Farfán. Por ese entonces el comandante Humala ya gozaba de la antipatía popular por entregar Celendín a Newmont y permitir el engrandecimiento de la figura de la esposa en el Ejecutivo, la televisión peruana era invadida por programas de nulo valor en contenido, pero de mucha rentabilidad para Los Miró Quesada y familias cercanas. En el plano futbolístico, Joaquín Ramírez usaba al UTC de Cajamarca para promocionar a Fuerza Popular (quinta metamorfosis del fujimorismo ahora liderado por Keiko, la hija del dictador) y encubrir sus vínculos con el narcotráfico, al mismo tiempo que una nueva generación de jugadores que estuvieron cerca de clasificar a un Mundial Sub-20 se convertían en la enésima luz de esperanza para la siempre fiel al castigo hinchada peruana.





Parte 2: El retorno del “Tigre”


Una vez que el “Mago” se fue del país (aparentemente para siempre), Pablo Bengoechea se pusiera a experimentar con nuestra Bicolor, la prensa especulara con la muerte de Edita Guerrero y Brasil fuera humillado en su propio mundial, inesperados cambios recaerían sobre nuestro ‘julbo’. El Comité Electoral de la FPF inhabilitaba a Manuel Burga quien con toda la frescura de este mundo se postulaba a un cuarto mandato, dictamen que se convertía en motivo de fiesta nacional tomando en cuenta las pocas alegrías de las que gozábamos en ese momento, pues el detestable Luis Castañeda Lossio volvía a la alcaldía de Lima tras una gestión para el olvido de la “Tía Regia” (lo que marcaba el fin de la época gloriosa de la Izquierda ultra light) y perdíamos a 4 figuras de la música peruana en menos de 1 año.





El fujimorismo aprovechaba el debilitamiento y desprestigio del gobierno de Ollanta, en la izquierda se hablaba de un Frente Amplio como última esperanza de unidad, un rector universidad al norte del país amenazaba con ser presidente y antes que todos ellos, Edwin Oviedo era elegido como el nuevo presidente de la Federación, quien era respaldado por su labor al mando del Juan Aurich. El empresario tuvo como primera misión conseguir un entrenador para la vilipendiada selección peruana y sorprendentemente había 2 opciones de renombre posibles de concretizar: el colombiano Reynaldo Rueda y el argentino Ricardo Gareca, de recordado paso en Universitario y una eliminación peruana. Sería este último el elegido para asumir el buzo nacional cuando todo hacía indicar que sería el colombiano el elegido y el encargado de gestionar el retorno del “Tigre” al Perú sería un conocido por todos: Juan Carlos Oblitas, quien ahora asumía el cargo de director deportivo de la Federación, cargo a través del cual, de algún modo, buscaba una revancha con la selección.









Nos encontrábamos a mitad de la presente década y la juventud se manifestaba en contra de la Ley de régimen laboral juvenil del Perú (“Ley pulpín" para la gente), Pichanaki se movilizaba frente a Pluspetrol y los hombres más buscados del país eran Gerald Oropeza (sobrinísimo de la Casa del Pueblo) y Martín Belaúnde Lossio (la pesadilla de Ollanta y Nadine). Nuestro ‘julbo’ mientras tanto, seguía sufriendo las consecuencias de no haber puesto freno a la informalidad ni a la corrupción dirigencial ni haber trabajado en serio las divisiones menores. Prueba de ellos eran las malas campañas en Libertadores, Sudamericana y la continuación de la eterna Copa Perú, al mismo tiempo que Jean Deza y el hijo del “Churre” Hinostroza pasaban al selecto grupo de promesas perdidas del fútbol peruano, en donde brillaban para la posteridad los nombres de “Kukín” Flores, “Pachito” Guzmán, el “Pompo” Cordero, el “Choreador histórico” y el eterno “Jotita” Reimond Manco. Este era el panorama que el buen Gareca afrontaba ni bien se ponía el buzo blanquirrojo.








En medio de esta gloriosa remembranza, un hecho de trascendencia repercutía por estos lares en pleno 2015: La fiscal Loretta Lynch realizaba una investigación que movería los cimientos de la cúpula de la FIFA pues denunció sin mayores atenuantes los fraudes y lavado de activos que el mayor ente del futbol mundial había realizado por 25 años en complicidad con miembros de todas las confederaciones continentales. Este destape causaría una serie de arrestas e inhabilitaciones de la que no se salvaría ni el mismo Joseph Blatter. Este escándalo trajo consecuencias al país pues uno de los implicados en esta movida (muy bien encaletada, por cierto) no sería otro que Manuelito Burga, quien se hallaba descansando de su “ardua” labor como presidente de la FPF y que ahora sería extraditado para dar sus descargos. La vida te da sorpresas, nos diría el maestro Blades.






Y en medio de los festejos, el “Tigre” probaba, para empezar, con lo mejor que había en el medio, en teoría claro está, y con ellos disputó la Copa América de Chile. El tercer lugar obtenido le daba el optimismo para empezar de la mejor manera las nuevas eliminatorias (que algunos llamaban Clasificatorias con una intención más marketera que optimista) pero pronto se daría cuenta que de seguir con los nombres que marcaron nuestros últimos tiempos futboleros el resultado sería el acostumbrado. El estratega ya tenía marcado al grupo que en el proceso anterior se puso por encima de Markarián en cada convocatoria y veía como el “Bombardero” seguía creyendo ser el dueño de la Bicolor, pero aun así se les dio una última chance.



Llegaría entonces el llamado “Partido de quiebre” ante Venezuela de marzo del 2016 en el que aquellos considerados inamovibles serían sustituidos por 2 figuras del torneo local casi inexistentes para el campo visual de los todavía llamados “4 fantásticos” (que para ese entonces era solo 3 pues el “Loco” Vargas ya había sido depurado por su farandulero presente). Era así como Edison Flores y Raúl Ruidíaz terminaban de confirmarle al argentino que lo que primaba era el compromiso antes que la trayectoria y el palmarés. Por tal motivo, Gareca vio el torneo local con mayor interés que otros técnicos y presentaría una selección renovada para la Copa América Centenario, en donde una mano nos valió para vencer a un rival imbatible para nosotros por más de 30 años.





El optimismo volvía a nosotros pues al fin un técnico se atrevía a quitarle las ínfulas a quienes se pensaban intocables y creía en nuestro ‘julbo’ con todo y los descalabros ya mencionados, pero no todo era deporte por ese entonces. El dengue atacaba con fuerza distintas zonas del país, las agendas de Nadine ocupaban las primeras planas, el Callao ya había sido declarado en Estado de emergencia y la población se movilizaba una vez más contra Keiko mientras festejaba que “Popy” Olivera le diga a Alan García lo que todo el Perú quería gritarle. Finalmente, Pedro Pablo Kuczynski triunfaría sobre la hija del dictador, más por los porcentajes obtenidos de los votos morados (R.I.P. Julio Guzmán), de la “Raza distinta” (“No es plagio, es copia”), de la renovada (una vez más) izquierda y del sentimiento anti-Keiko en general que por méritos propios, pero de todos modos festejábamos la justa derrota naranja y volvíamos a enfocar nuestra mente en el “Equipo de todos”.







Hacia el final de la década, nuestra televisión se había vuelto más que insufrible para la buena parte de población peruana pues no contentos con mantener los realities (impuestos desde el 2011) y difundirlos en todas las plataformas posibles, los grupos de comunicación nacional llenaban la pantalla con emisiones que se nutrían de lo que acontecía en tan alturados programas que tanto hacían por la apertura cultural y la diversificación de contenidos (espero y se note el sarcasmo). Por otra parte, Whatsapp superaba en alcance y popularidad a Facebook y Twitter mientras que las sectas religiosas del país se entrelazaban a través de “Con mis hijos no te metas” en una absurda competencia con la campaña “Ni una menos” en donde las iglesias peleaban contra colectivos feministas y contra el propio raciocinio, en tanto que el país entero se movilizaba para ayudar a los afectados por el “Niño costero”. Retornando al plano central, volvíamos a las andadas en los Sudamericanos juveniles (ese perturbador lazo con la Primera fase de todos los torneos que al parecer no queríamos volver a abandonar). Aún había trabajo por hacer.



Tras una nueva decepción en Copa Libertadores, el triunfo ante Uruguay en Lima nos devolvía la esperanza en el último tramo de la eliminatoria más que por el resultado, por la forma en que se logró la victoria. Con un plantel renovado en donde solo Paolo Guerrero se mantenía como referente, Gareca llevaba a cabo una idea que tenía quizá desde su llegada a la VIDENA: Devolverle al Perú su estilo de juego. Luego de muchos años de intentar jugar al pelotazo o ganar las divididas sin éxito, la selección ponía la pelota al piso, como en los buenos tiempos, además de repotenciar jugadores casi sentenciados por la opinión pública. De esta manera, el ‘julbo’ peruano recuperaba esa esencia perdida por décadas que le daría en las siguientes fechas históricos triunfos que ni el más optimista hubiera tenido en mente. Por esos días, la palabra Odebrecht retumbaba en el subconsciente de todos los peruanos y ni el presidente quedaría exento de aquel término.





El 2017 seguía su curso y el buen momento blanquirrojo tuvo una paralización forzada por el calendario FIFA, lo cual preocupó a la afición tanto como la paralización que los docentes de todo el país venían realizando en vista de que por enésima vez sus reclamos no eran escuchados y sus líderes formados en ese local en el Jirón Miró Quesada instrumentalizaban la lucha como de costumbre. Fue así que por 3 meses nuestros magistrados llevaron a cabo una huelga que fue apoyada por otros sectores también unidos a la lucha y a su vez menospreciada por los medios que ya buscaban todos los vínculos con remanentes de Sendero posible, para no perder la costumbre ante cualquier manifestación que tome las calles (Todo un clásico).



Luego de algunas negociaciones y acuerdos, la calma volvía a los colegios (con sacada de ministra de por medio) y volvían también los triunfos de la selección, la cual ya había formado un grupo en el que todos captaban a la perfección la idea del “Tigre” y en el que ya nadie se consideraba una estrella por sobre el resto de seleccionados, además de estar totalmente comprometidos con el objetivo mundialista que ahora sí era posible. Fue así que después de recibir unos puntos del TAS por parte de Chile (que de esa forma redimía sus culpas por la Guerra del Pacífico y la Confederación Peruano-Boliviana), la selección alcanzaba por primera vez un repechaje intercontinental y la afición vivía el momento con mayor intensidad que nunca. Días después, esa misma hinchada recibía la mala noticia de que Paolo sería separado del plantel por problemas de dopaje, pero al mismo tiempo viviría la más grande alegría después de tanta agonía: Perú vencía a Nueva Zelanda y clasificaba al mundial luego de 36 años de espera. El país era una fiesta y no era para menos, volvíamos a la élite futbolera y en menos de lo que se esperaba, el mundo entero hablaba de nosotros. Fue algo que a muchos le tomó su tiempo asimilar (como quien les escribe) pero que era ya una realidad: Estábamos de vuelta.




Se daba entonces el primer paso en este repunte del Deporte rey en el Perú y todo era felicidad para los ya 30 millones de personas que habitan este gran y estratégicamente posicionado país de América del Sur, pero no todo podía ser perfecto (“Si no sufrimos no vale”). PPK era acusado de vínculos con Marcelo Odebrecht y por negarse a responder ante el Congreso (invadido casi en su totalidad por la horda fujimorista), cayó en un proceso de vacancia del que saldría librado, pero también debilitado, razón por la cual tuvo que dejar el cargo en marzo del año siguiente. Pero antes de que esto último suceda, los bravos de Graña y Montero eran apresados por sus vínculos con Odebretch (algo que removió los cimientos del sector A-B) y el Ejecutivo cumplía su parte del trato por la librada en la vacancia: El reo Alberto Fujimori recibía su tan añorado indulto más que por justicia, por la exitosa negociación de nuestro posible futuro presidente Kenyi Fujimori. 90's never die. 




Durante esos avatares, Paolo Guerrero se jugaba todas sus cartas en los tribunales de la FIFA y el TAS para salir absuelto de la sanción impuesta por su positivo en antidoping en La Bombonera, PPK sucumbía ante todo convirtiéndose Martín Vizcarra era el nuevo presidente y los hinchas festejaban los triunfos de la selección previos al mundial pero lamentaban la muerte de última voz de la Blanquirroja (“Gloria a Peredo en las alturas”).




Finalmente, el “Depredador” obtendría el permiso para ir a Rusia, Eyvi Ágreda se convertía en la nueva mártir de la lucha contra la violencia a la mujer y la quema de un carro policial sería motivo suficiente para que nuestra prensa de toda la vida pase a un segundo plano la protesta contra un Congreso que cada día se esforzaba menos por enrostrarnos sus abusos y derroches. Este terminaría siendo el contexto en el que el Perú diría presente en un estadio mundialista luego de muchas décadas de espera.

Colofón blanquirrojo

La historia no termina aquí ni mucho menos. Aún se muestran sesgos gamonalistas en el manejo de muchos clubes (tanto en Primera como en el ascenso), dirigentes procesados por corrupción, un casi nulo trabajo serio en divisiones menores, potenciales estrellas hundidas en la indisciplina, Lima sigue predominando sobre el resto de regiones (tanto en el fútbol como en todos los aspectos de nuestra cotidianidad) y las pintorescas escenas de la Copa Perú, por lo que nos queda un largo camino que bregar si realmente queremos hablar de un cambio verdadero en el fútbol nacional pues basta con ver las paupérrimas actuaciones de equipos peruano en torneos internacionales o ver cómo la informalidad sigue imperando en nuestras ligas de ascenso para darnos cuenta de que nada se ha arreglado del todo con esta participación en Rusia 2018. 



Fueron 36 años de espera y por ser un tiempo tan prolongado era necesario hacer un recuento de hechos ocurrieron en ese lapso de tiempo en el Perú, tanto en lo futbolístico como en otros ámbitos, pues siempre es necesario tener presente lo acontecido en el pasado para tener presente qué hacer y qué no repetir de los tiempos pretéritos. Que este recuento ayude en algo a recordar cómo se dio la jugada en distintos aspectos de nuestro devenir, mientras seguimos disfrutando lo que queda de presencia peruana en la tierra de Vladimir Ilich Ulianov.




Sigamos al tanto de las incidencias mundialistas, sin dejar de lado nuestro propio acontecer, y arriba Perú.






miércoles, 15 de noviembre de 2017

Reflexiones de rojo y blanco






Por Luis R. Carrera

Si hay algo que la vida me ha enseñado, en especial desde que entablé lazos con el "Deporte rey" hace unos 15 años, es que es más que un riesgo adelantarse a los hechos, más aún si se toma en cuenta el espacio y contexto futbolero a 2 colores en el que nos ha tocado desenvolvernos. Aún tengo presentes las fallas y vacilaciones pasado el minuto 85, las primero sorprendentes y luego ya habituales eliminaciones coperas, los frustrantes (en su mayoría) Sudamericanos juveniles, las generaciones perdidas, los últimos Clásicos del Pacífico, el gol de Palermo al minuto 94 (todavía lo recuerdo, con todo y la bruma de aquella jugada), el teatro de Luis Suárez en el 2013, entre otros hechos que nos enrostraban que el camino a la máxima cita futbolística estaba más lejos en cada proceso. Hoy la situación es distinta más allá de los cambios, los fallos y la confianza en el equipo y se tiene la chance de hacer que el recuerdo más reciente de Perú en un mundial no sea nunca más el de La Rosa batiendo, sin celebrar, la valla polaca pero para eso aún quedan 90 minutos de espera. 90 minutos ante un rival que desde hace varios años viene aplicando un Catenaccio maorí que combina los estilos del Luis Fernando Suárez y "Petróleo" García para evitar las goleadas de antaño, razón por la cual aun prendo las alarmas mientras las calles anuncian resultados tipo eliminatoria oceánica. Pero está bien, la afición tiene derecho a ilusionarse una vez más porque la situación de algún modo lo amerita pues al igual que quien escribe, los únicos mundiales con camisetas blanquirrojas alrededor que han visto han sido aquellos Sub-17 donde fuimos anfitriones, en un primer momento, para luego pasar a tener figuras mediatizadas en la segunda oportunidad, por lo que es más que comprensible el deseo de ver a la de Mayores en las lides mundialistas. Mas pese a todo esto, la vida, vuelvo a decirlo, me ha enseñado a controlar mis emociones en este aspecto. Es difícil pero entendible si vuelvo a enumerar los magros resultados de años anteriores que por ahora dejaré de mencionar. Hoy la situación es más alentadora incluso más que en el 97, y a pesar de ellos no exclamaré arenga ni sentimiento enraizado alguno pues sé que a pasar de toda esta reflexión que intento articular, algo de fe sigue rondando en mi subconsciente futbolero que me hará abandonar mi resguardo para sintonizar estos últimos 90 minutos que pueden definir o no, a una generación entera. Depende ya de lo muchachos del "Tigre". Vamo' Perú.



lunes, 20 de febrero de 2017

África: El otro lado de la insurgencia



Por Luis R. Carrera


África, el llamado “Continente negro”, cuna de la humanidad, ha sido a lo largo del tiempo un territorio que sufrió de forma directa las consecuencias generadas por la opresión. Su población ha vivido en carne propia la represión y la exclusión dentro de su propio espacio a causa del colonialismo europeo. Hoy, pese a la independencia de las distintas naciones del continente, África sigue siendo víctima de los abusos de antaño hacia su población, problemática que sufren actualmente muchas etnias que deberían ser tomadas en cuenta dado su aporte cultural a la región. Todo lo mencionado nos hace ver que la lucha por la reivindicación y contra la tiranía en el continente que dio origen al hombre no podía quedar de lado, por lo que se buscará hacer un paralelo, en lo que respecta a figuras ilustres, entre la acción revolucionaria desarrollada a mitad del siglo pasado en nuestro continente y coyunturas de lucha social ejercidas en esas tierras, demostrando que África también ha realizado su aporte en lo que se refiere a la lucha frente a la opresión.
Así como en América Latina hicieron su aparición personajes que llegaron a convertirse en símbolos revolucionarios para posteriores generaciones, en África también existieron personajes que en diversos periodos del siglo XX emprendieron una lucha antiimperialista con la cual se buscó la liberación de los pueblos de esa parte del mundo. Por ello, tomando como ejemplo la acción revolucionaria latinoamericana y sus distintos personajes (en donde podemos destacar a Guevara, de La Puente, Sandino, entre otros) aquí mostraremos a 3 destacados personajes del continente en mención quienes por medio de sus acciones nos han demostrado que África, al igual que Latinoamérica, fue también una tierra que bregó por su liberación.



Patrice Lumumba, artífice de la liberación congoleña

Líder anticolonialista y nacionalista de la República Democrática del Congo (Ex Zaire y ex Congo Belga), fue uno de los impulsores de la independencia de este país. Formado en base a una educación autodidacta, desde muy joven se mostró en favor de ideales igualitarios, antiimperialistas y pacifistas, por lo que siempre estuvo involucrado con movimientos asociativos indígenas, al igual que con sindicatos. En 1958, luego de visitar Bélgica, país que colonizaba al Congo, formó el Movimiento Nacional Congolés (MNC)  junto con compañeros políticos vinculados a círculos anticolonialistas. Mediante este movimiento, emprendió una lucha contra la represión de las autoridades belgas que reprimía toda acción de lucha, por lo que emprendió el camino hacia la liberación del Congo. Su idea era crear un Estado laico e independiente, cuyas estructuras políticas ayudarían a superar las diferencias tribales creando un sentimiento nacional.
Su accionar con el MNC recibió un gran respaldo popular, por lo que fue detenido y encarcelado en enero de 1960. Liberado a fines de ese mes gracias a la movilización popular, se reunió con dirigentes congoleños y autoridades belgas en la Mesa Redonda de Bruselas, evento en el cual Bélgica concede la independencia al Congo. Una vez logrado el objetivo, el MNC y sus aliados ganan las elecciones de mayo de ese año, convirtiéndose al mes siguiente en el Primer Ministro del régimen de Joseph Kasavubu, líder moderado, siendo la africanización del ejército congolés una de las primeras acciones que impuso desde su nuevo cargo. Sin embargo, sería víctima de los intereses belgas aun habiéndose logrado la independencia. Al poco tiempo, la provincia de Katanga, bajo la dirección de Moise Tschombé se declara independiente en favor de empresarios belgas interesados en los yacimientos petroleros de la provincia. Ante ello, el flamante Primer Ministro pidió ayuda internacional, la cual le fue negada, siendo la URSS  el único país que le brindó su apoyo, por lo que decide reunir cuanto antes a los líderes del Congo para tomar medidas contra las tropas belgas establecidas en Katanga, pero en setiembre de 1960, es destituido del cargo por parte de Kasavubu siendo puesto bajo arresto domiciliario sin recibir apoyo de la ONU. La razón principal de la negativa occidental se debió al peligro que significaba el accionar para ciertos intereses de muchas potencias, además de la visión marxista que él mantenía y su vínculo con la URSS. Joseph Desiré Mobutu derrocó al entonces presidente y ordenó la detención de Lumumba, quien ya había sido liberado, siendo entregado a los rebeldes de Katanga quienes no dudaron en asesinarle, muriendo un 17 de enero de 1961. Para la posteridad quedó su imagen como la de un mártir de la resistencia africana, al mismo tiempo que es perennizado como un símbolo de la paz y la justicia social en el continente africano.


Thomas Sankara, el ‘Che’ africano

Capitán militar, revolucionario marxista y teórico panafricano nacido en Burkina Faso (Ex Alto Volta). Tomó el poder mediante un golpe de Estado en 1983, el cual fue apoyado masivamente con el objetivo de eliminar la corrupción y el predominio de Francia, la ex potencia colonial predominante en el país. Luego de haber recibido entrenamiento militar, en 1966 comienza su carrera en la milicia siendo llevado a Madagascar donde fue testigo de los levantamientos populares de 1971 y 1972. Es en esta época donde estudia las obras de Marx y Lenin, escritos que influirían en él para posteriores acciones. En 1972 vuelve a la entonces Alto Volta y 2 años más tarde destacó en una guerra fronteriza con Mali, país vecino, convirtiéndose en una figura popular en Uagadugú, la capital de su país. En 1976, año en que llegaría a ser Comandante en un centro de entrenamientos, conoce a Blaise Compaoré, personaje que sería crucial en los años posteriores. Durante esta época, regida por el mandato  de Saye Zerbo, Sankara formó junto con un grupo de oficiales la Agrupación de Oficiales comunistas (Regroupement des Officiers Communistes o ROC en francés). En setiembre de 1981 fue nombrado Secretario de Estado yendo a su primera reunión en bicicleta, acción que caracterizó a Sankara a lo largo de su trayectoria, pero renunció al año siguiente al ver el carácter anti obrero que perfilaba el gobierno de Zerbo. En los años siguientes se llevarían a cabo diversos golpes de estado en los cuales se impondrían distintos presidentes, hasta que en 1983 un nuevo golpe organizado por Compaoré lo hizo presidente a la edad de 33 años. Una vez en el poder, el Comandante puso en práctica todo el aprendizaje revolucionario que fue adquiriendo en su formación propia, donde Marx y Ernesto Che Guevara se convirtieron en sus principales referentes. Su identificación con éste último fue tan grande que se le terminó conociendo como "El Che africano", ya que el carácter revolucionario de Guevara influyó en la forma de gobernar que desarrolló durante todo su mandato. Los sucesos de la Comuna de París también sirvieron de ejemplo a su accionar político.
Su plan de gobierno estuvo orientado a la lucha contra la corrupción, promoviendo la reforestación, combatiendo la hambruna, y haciendo de la educación y la salud las principales prioridades nacionales. Luego de suprimir ciertos privilegios de los jefes tribales y crear una forma de servicio militar obligatorio que se contraponga al ejército, en 1984 cambia el nombre del país de Alto volta a Burkina Faso (“El país de los hombres íntegros” en mossi y djula, las lenguas mayoritarias del país) y además, compone el himno nacional del país. Durante su gobierno redujo los sueldos de los funcionarios incluyendo el suyo, redistribuyó la tierra de los terratenientes feudales y la entregó a los campesinos, la producción del trigo aumentó en 3 años de 1700 Kg por hectárea a 3800 Kg, convirtiendo a Burkina Faso en un país autosuficiente en comida, mejoró el status de las mujeres y su administración fue el primer gobierno africano que reconoció al SIDA como una amenaza para África.
Al igual que Guevara, fue un revolucionario marxista que creía en la revolución armada contra el imperialismo monopolista, por lo que denunció al neoliberalismo en su región mucho antes que las Naciones Unidas, además de definir a la burguesía local y las fuerzas retrógradas como los principales enemigos del pueblo. Respecto a Guevara, Sankara lo consideraba un ciudadano del mundo libre y por tal motivo enunció que el Che era otro burkinés inmerso en la lucha del pueblo africano, pues sus ideas inspiran a toda la nación y perduraban a lo largo de la lucha cotidiana que el pueblo de Burkina Faso emprendía. Afirmaba también que era el hombre que demostró que se podía tener confianza en uno mismo y en quienes nos rodeaban, además de creer en las capacidades propias, por lo que resultaba la figura de este hombre como un ejemplo de convicción  y fe revolucionaria en lo que uno hace en pos de la victoria. Sumado a esto, ya como presidente adoptó para Burkina Faso la frase Le patrie ou la mort, nois vaincrons (“Patria o muerte, venceremos”), como lema combativo dentro de la población. Sankara fue traicionado por su antiguo compañero Blaise Compaoré y muere asesinado en un golpe de Estado el 15 de octubre de 1987, quien justificó esta muerte mediante el pretexto que el gobierno de turno se había convertido en la causa del deterioro de las relaciones con los países vecinos, además de significar un peligro para las relaciones con la ex potencia colonial Francia, truncando de esta manera todo el avance hecho por el gobierno revolucionario. Compaoré tomó el poder pero distintos Comités de Defensa de la Revolución mantuvieron una fiera resistencia contra el régimen impuesto.


Amílcar Cabral, unificador de todo un pueblo

Ingeniero agrónomo y escritor de Guinea Bissau, considerado como el ideólogo de la independencia de su país y de Cabo Verde, colonias portuguesas por aquel entonces. Luego de pasar los primeros años de su vida entre ambos países, viaja a Lisboa en 1945, a la edad de 20 años,  para estudiar en el Instituto Superior de Agronomía, graduándose de ingeniero 5 años después. Es precisamente en Lisboa donde decide consolidar su identidad e inicia una búsqueda de sus raíces africanas, aprovechando su vínculo con estudiantes e intelectuales de otras colonias portuguesas tales como Angola, Mozambique, etc., entre lo que se pueden mencionar a Virato da Cruz, Marcelino Dos Santos, Mario de Andrade y Agostinho Neto, quien fundaría el Movimiento por la Liberación de Angola (MPLA) tiempo después. Con la ayuda brindada por tales personajes, pudo dar vida al Centro de Estudios Africanos y a la revista Mensagem. Estas acciones formaron parte de una red de estudiantes africanos constituida en ciudades como Lisboa y Coimbra, la cual llegó a relacionarse con intelectuales de las distintas colonias portuguesas, quienes actuaron influenciados por el pensamiento panafricanista, Harlem Renaissance y la literatura brasileña. Esta intelectualidad africana lusófona no llegó a consolidarse del todo.
Luego de trabajar en la estación Agrónoma de Lisboa regresa a Guinea Bissau con la finalidad de recorrer el país. En este recorrido conoció de cerca la explotación de la cual eran víctima los campesinos y la población guineana en general. Esta situación lo motiva a difundir sus primeras ideas en contra de la situación del pueblo guineano en desmedro de la potencia colonizadora, por lo que en 1955 es expulsado de Guinea Bissau para evitar posibles levantamientos en el país. Una vez fuera de Guinea, mantuvo la idea de seguir con la lucha contra el colonialismo establecido en la región, es así que logra adherirse a la organización del movimiento independista desarrollado en Angola. Pero no fue sino hasta el año siguiente que dio un paso trascendental para el porvenir de su país, ya que en 1956 funda el Partido Africano para la Independencia (PAI), el cual buscó extender su lucha a otras regiones, por lo que se convirtió poco tiempo después en el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC). Mediante este partido, Cabral adoptó la guerra de guerrillas como vía de liberación de su pueblo del colonialismo portugués, luego de haber fracasado en su intento de liberación por la vía pacífica.
Sabiendo que mediante un grupo reducido las posibilidades de acercarse al triunfo serían remotas, Cabral buscó ante todo forjar la unidad al interior de la región articulando tendencias religiosas y tribales que dividían al país puesto que llevó a todos a combatir por la independencia, sentando así las primeras bases de un sentimiento nacional. De esta manera, inició la lucha un 23 de enero de 1962 portando como bandera un pensamiento revolucionario, antiimperialista, en contra del apartheid y de toda forma de racismo y discriminación existentes en el África subsahariana. A la par de la acción revolucionaria, prosiguió con la línea intelectual impulsada desde su época de estudiante, donde ya había recibido la influencia del marxismo-leninismo, entre otras tendencias. Fue así como a mediados de la década de 1960 elaboró una teorización sobre la crítica y la aprehensión de lo cultural en relación a la lucha de liberación, donde nos hace ver como los colonizadores trataban de modificar el comportamiento de la población por medio de una idea de asimilación que negaba su proceso histórico real. Esto lo explica en su obra Liberación nacional y cultura, escrita en 1970
Luego de haber conocido en 1964 a Ernesto Che Guevara en Conacry (capital de Guinea), quien comprendió la causa que Cabral defendía, éste pudo recibir apoyo del ejército cubano en esta lucha emprendida contra el colonialismo portugués. Incluso llegó a viajar a Cuba para formar parte de la I Conferencia Intercontinental de La Habana en 1966, donde expuso la situación política, económica y social de su país. Esta conferencia facilitó las relaciones entre Guinea Bissau y Cuba ya que a partir de la misma, Óscar Oramas fue designado embajador de Cuba en Guinea, lo que facilitó la ayuda de la isla al PAIGC.
Las acciones continuaron durante toda la década, poniendo en serias complicaciones la solidez del dominio portugués en la región. Estrategias conjuntas habían logrado la liberación de distintas zonas del país y la adhesión cada vez mayor de la población a la contienda revolucionaria por medio de la lucha armada. Ante ello, las fuerzas imperialistas toman la decisión de frenar de raíz la lucha desencadenada en su colonia, por lo que deciden eliminar al líder de tal insurgencia. Fue así que el 20 de enero de 1973, cuando la victoria ya parecía inminente, Amílcar Cabral fue asesinado por militantes traidores reclutados meses atrás por los portugueses, quienes tuvieron que pagar su crimen tiempo después. En septiembre de aquel año, Guinea Bissau obtuvo su independencia convirtiéndose así en la primera colonia portuguesa en conseguirla, hecho que no hubiera sido posible sin el impulso de aquel hombre que logró organizar a todo un país en la búsqueda de ese sueño que finalmente pudo ser concretado pero que lamentablemente, no llegó a presenciar en vida.

Conclusiones

Como podemos ver, el pueblo africano también supo de luchas frente al régimen impuesto por medio de levantamientos e insurgencias como las expuestas en esta revisión de la vida de 3 de los más representativos caudillos del África subsahariana. Personajes que bien podrían ser comparados con célebres figuras latinoamericanas, como se hizo con la figura de Sankara, ya que compartieron ese ideal de liberación de su pueblo frente al dominio occidental que tanto daño hizo a distintas regiones del mundo. Mediante este repaso de la vida de estos hombres se puede apreciar cómo en ambos lados del Atlántico poblaciones enteras hicieron frente a un sistema de poder que perjudicó considerablemente toda posibilidad de progreso surgida hasta ese entonces. Poblaciones que vieron reflejadas sus ansias de libertad en individuos que fueron recogiendo el sentir de su comunidad e hicieron todo lo posible por llevar un mejor porvenir a los suyos. Y aunque en el caso africano no todos los líderes políticos de aquella región actuaron de igual manera (atroces dictaduras como las de Jean Bédel Bokassa en República Centroafricana o Robert Mugabe en Zimbabwe bien podrían ser comparadas a regímenes como los de Videla en Argentina o Pinochet en Chile), es menester de quienes aún piensan en un cambio social recordar a las célebres figuras analizadas, por ser símbolos de la lucha de un pueblo tantas veces marginado aún en estos tiempos y a que pesar de ello, reivindican un insurgente pasado digno de estar presente en el recuerdo de todos nosotros pues América Latina también supo de levantamientos e insurgencias, acciones que, como se menciona en varios pasajes de este escrito, llegaron a articularse con la resistencia africana. Mayor es entonces el motivo para recordar a estos hombres, junto con otros no mencionados por el momento, que supieron lo que es mantener en férrea resistencia a distintos territorios del continente en cuestión y por qué no, tomar sus ideas y el compromiso con sus pueblos como un ejemplo a seguir.

Referencias

Frente Negro, Patrice Lumumba, un revolucionario africano, 2009

Marxist Internet Archive-Sección en español, Patrice Lumumba 1925-1961.

Sankara, Thomas, Somos herederos de las revoluciones del mundo: Discursos de la revolución de Burkina Faso, 1983-87, Segunda edición, Pathfinder Express, EE. UU., 2007.

Casa África, Thomas Sankara.

Fernández Erquizia, Roberto, Thomas Sankara, el Che negro: XX aniversario de su asesinato en Burkina Faso, París, 2007.

Sankara, Thomas, Homenaje a Che Guevara: “Las ideas no se matan”, Uagadugú, 8 de octubre de 1987.

Guin Guin Bali, Una ventana a África, Un héroe africano: Amílcar Cabral, el visionario, 2012.

Devés Valdés, Eduardo, “Amílcar Cabral: Independencia y revolución”, Seminario “El pensamiento latinoamericano en sus conexiones con África y Asia”, Revista Umbral, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (UPRRP), San Juan, 2006.

domingo, 30 de octubre de 2016

La color no nos permite


Por Luis R. Carrera

A lo largo de nuestro paso por estas tierras, los descendientes de africanos hemos, y seguimos siendo, mal vistos ante los ojos de lo “correcto”. Desde los bailes de nuestros primeros ancestros en el país hasta nuestros logros más allá de lo culinario, lo deportivo entre otras cosas que “nos sale bien” la censura nos ha perseguido cual Ketín Vidal al ‘Cachetón’ a inicios de los 90 (con el mismo resultado positivo para el captor lamentablemente) y la situación amenaza con seguir al menos hasta que Perú llegue a zona de repechaje para Qatar.
Cuando los esclavos traídos del Golfo de Guinea y zonas aledañas pisaron suelo peruano, vieron cómo su vida pasaba a depender de aquellos que decían ser superiores mientras le echaban la culpa de los temblores a los “idólatras”. Fueron agrupados de forma aleatoria pasando por alto la diversidad cultural que ya existía en África (mucho más amplia que la de  España colonial por supuesto)  pues claro, cómo se podría saber de dónde es cada negro si todos son iguales” (¿Les es familiar esta frase?). Su música, sus costumbres y sus respectivas cosmovisiones fueron suprimidas de sus vidas bajo castigo, lo que obligó a muchos de ellos a fugar a las afueras de  Lima a forjar una resistencia desde el cimarronaje y posteriormente como bandoleros. Es decir, la opresión sufrida en el centro del Virreinato los obligó a rehuir al sistema cometiendo actos vandálicos que no tenían planeado hacer ni les salía por naturaleza sino que la situación tan complicada para ellos no les dejó otra alternativa a muchos de ellos que tomar ese camino. En los años siguientes  y ya con un Perú independiente (al menos así decían) la situación no cambió mucho respecto al proceso anterior y gran parte de los descendientes de aquellos esclavos siguieron por ese camino. He aquí el origen de uno los más populares estereotipos que se nos ha adjudicado a lo largo del tiempo y la razón de que por más de que hayamos tenido entre nuestras filas a héroes de guerra, deportistas reconocidos, músicos renombrados, jefes de guerrilla, congresistas, médicos y hasta un diplomático, te sigues agarrando los bolsillos cuando te vas a cruzar con uno de nosotros en el cruce de Argentina con Dueñas.
Pero más allá de los prejuicios ya conocidos hacia nosotros los “zambos malató” un problema más grave por el que pasamos es ese proceso de invisibilización del cual ya di unas luces en los párrafos anteriores pero que profundizaré con ejemplos concretos en la historia del Perú: A nadie le ha interesado la resistencia de Francisco Congo, José Manuel Valdés tuvo que esperar una “Dispensa de color” para poder cumplir su sueño de ser médico, Cayetano Quirós tuvo que ir personalmente a buscar a San Martín para integrar su ejército libertador ante la negativa de los otros generales, nadie reconoció el sacrificio de Catalina Buendía entre en recuento de héroes de la Guerra del Pacífico, el Grumete Medina fue mecido con homenajes durante el Oncenio de Leguía pero siguió, y murió, pobre luego de los mismos, han tenido que pasar 50 años para que nos dignemos en recordar la proeza de Guillermo Lobatón Milla bajo el mando de Luchito De La Puente y si María Elena hubiese muerto en los 40 estaría también integrando esta lista de afroperuanos olvidados por los libros de Santillana y Navarrete, los mismos que siguen dibujando blancos a Bolívar, Ricardo Palma y Micaela Bastidas. Gracias a Changó y a Kalunga que tuvimos a un Pancho Fierro  y a un Nicomedes, por ejemplo, cuyas obras han servido para preservar esa parte de nuestra historia que a los pudientes, y no tan pudientes, no les gusta reconocer pues cómo habíamos sido capaces de todo esto cuando “solo pensamos hasta las 12” (¿Les es familiar esta frase? x 2).
Para suerte nuestra y por el bien de nuestra negritud (Césaire, tú sigues vivo para nosotros), hemos tenido investigadores pertenecientes a la población negra peruana (diría “afroperuana” pero no hay que arrancar de nuestro acervo un término que pasó de ser usado como una ofensa a emplearse para revalorizar nuestros orígenes con mayor ímpetu en otros tiempos) entre los que podemos mencionar al gran Nicomedes, ya nombrado en otras líneas, Doña Victoria, “Cheche” Campos y José Carlos Luciano, quien en plenos años 90 denunció sin problema alguno la aculturación por la pasaban negros y andinos frente a la tragicómica costumbre de blanquear la publicidad para hacerla más pasable ante una sociedad peruana que se rendía ante la cultura blanca del otro hemisferio y se reía de los chistes de negros vertidos en “Trampolín” y “Risas y Salsa” (“gracias” Genaro). Y es justamente por obra de los medios de comunicación que los peruanos pudimos dar rienda suelta a todo el racismo que llevamos en nuestro interior, como buenos resentidos sociales que somos, sin necesidad de entrar en compromiso por alguna afirmación mal intencionada.
Desde mucho antes que aparezca la televisión en nuestras vidas, esta parte del mundo ya venía sufriendo una avalancha de blancura por parte los países pudientes que nos enviaban a través de anuncios publicitarios costumbres y personajes que nada tenían que ver con nuestra realidad sudaca pero que por medio de la repetitiva influencia visual, se terminaban asumiendo como propios. Esto no hizo otra cosa que revivir esos gloriosos, para algunos, años en los que al indio se le encerraba en el Cercado y al negro en Malambo para que no incomoden a la gente “de bien”. Ahora ya no había un espacio en donde encerrarlos para no malograr el paisaje pero sí una forma en que ellos quieran ser como aquel blanquiñoso que desde un cartel nos invitaba a usar jeans o tomar Coca Cola. Con la televisión la situación empeoró para nosotros, aunque mejoró para la gran industria,  y por tal motivo nos hemos visto invadidos por una secuencia interminable de comerciales donde el blanco asume el rol protagónico y al resto no le queda otra que hacerle la comparsa (¿Sí o no PromPerú? ¿Sí o no Saga?) o lo que es peor, asumir roles basados en los estereotipos que al parecer nos perseguirán hasta el retorno de Inkarri. Es justo en esta parte donde el negro vuelve a entrar en acción para interpretar sus roles estelares de choro, empleado, pelotero (en el mejor de los casos) o limpiabaños. “¿Qué quieres el protagónico? No fíjate que estamos buscando alguien con rasgos más…tú me entiendes… familiarizados con las cámaras pero no te preocupes que puedes ser el portero del edificio si quieres. (¿Les es familiar esta frase? x 3).
Nos encontramos en los últimos meses del 2016 y cuando creía que tanto plantón, cajoneada masiva y marchas al respecto estaban por fin haciendo efecto en el sentir de la audiencia, veo con desagrado, más no con sorpresa, que en la próxima entrega de la políticamente correcta Tondero (curioso nombre para una productora a la cual la idea de nación les resbala por el bajo vientre) mostrará la vida y obra de un deportista afroperuano que de por sí ya está alienado (culturalmente hablando) para que ahora le sumen a su afamado (aunque nunca proclamado) proceso de blanqueamiento la participación de una actriz que nada tiene que ver con la herencia afro en el país para que interprete a una mujer negra, teniendo la posibilidad de hacer castings para recrear la historia tal cual ha sido o recurrir a los actores afroperuanos posen tanta capacidad como los solicitados por las productoras bóers. No es sorprendente esta actitud pero esperaba un poco más de una productora que si bien está contribuyendo a la ampliación de la producción cinematográfica sigue la misma lógica goebbeliana de Michelle Alexander y Procter & Gamble ene sus producciones. Al enterarme de esta práctica cuasi pierolista no hago sino darme cuenta que no es suficiente con flashmobs o protestas esporádicas y lamentablemente las campañas contra el racismo se quedan en la plaza en donde se realizó o en la puerta del estadio para luego seguir haciendo ruidos de mono a futbolistas herederos de la tradición, luba, yoruba, malinke, ewé, chokwe y demás.
Hagamos un esfuerzo y revisemos la historia del país más allá de los textos escolares para comprobar que nuestra vida colonial y republicana tuvo algo más que virreyes, sacerdotes, generales y presidentes afines a los grupos de poder ya que en caso nuestro, muchos afroperuanos participaron de distintos acontecimientos del desarrollo del país y han sido marginados por no coincidir con la historia que otros quieren contar. Podemos reírnos de nosotros mismo pero eso no quiere decir que aceptemos la idea de seguir a aquellos que a través de los medios critican a “Cachay” por vulgar pero festejan las lisuras de “Cachín” o desde anuncios como el de la modelo occidentalizada nos dice  que le fascina Ripley mientras tapa al único niño negro del comercial. De nosotros mismos depende que la situación cambie para bien nuestro y de las generaciones venideras pues de no enmendar el rumbo seguiremos siendo marginados por la historia oficial y condenados a interpretar a delincuentes y choferes de Brescias o Miró Quesadas por toda la eternidad. Podemos hallar los mecanismos para frenar el statu quo étnico que nos quiere seguir marcando para brindar un respiro a la comunidad afroperuana que tanto lo necesita pues tarde o temprano, algún avance habrá sido posible de alzanzar.  El espíritu de Santiago Villanueva nos lo agradecerá. 

sábado, 4 de junio de 2016

10 años y aquí seguimos



Por Luis R. Carrera

Negados, olvidados e injustamente postergados. Así es como nos hemos sentido a lo largo de nuestra existencia en esta bendita tierra que nos cobija. Y es que por más que el país aclama a todos los vientos posibles la ansiada inclusión social, esta parece ser esquiva con nosotros por mucho más tiempo del pensado. Afortunadamente somos conscientes de la realidad que nos golpea y simplemente seguimos firmes en el fortalecimiento de nuestra identidad tantas veces magullada.
El 4 de junio del 2006 se decretó que tal fecha sería a partir de ese momento el Día de la Cultura Afroperuana y qué mejor fecha que la escogida pues de ese modo se conmemora la figura del hombre quien permitió que las manifestaciones culturales de la negritud de antaño no se pierda con el paso del tiempo, el excelentísimo Nicomedes Santa Cruz, pero muchas de las promesas vertidas desde ese entonces a la actualidad solo se quedaron en eso pues el Perú sigue siendo un país que denigra sin piedad a quienes merecen el mayor de los reconocimientos del mismo modo en que se hacía allá por los 1500 solo que con la mirada en Norteamérica en vez de España, lo que hace el panorama tan desalentador como lo fue para nuestros ancestros que cruzaron, contra su voluntad, el Atlántico.



Por tal motivo, nuestro querido país se dejó, y se sigue dejando, llevar por la historia "oficial” que dejó que por mucho tiempo enterrara la grandeza de los negros peruanos y todo indicio que registre algún logro de los afectados. Así, la mayoría de nuestros compatriotas ignoran que hubo un Francisco Congo que encarnó la lucha contra aquellos que nos trataban como mercancía; desconocen que un tal Antonio Gatica y otro que respondía al nombre de Antonio Oblitas fueron partícipes destacados de 2 de las más grandes rebeliones de nuestra historia; nunca supieron del esfuerzo de José Manuel Valdés por llegar a ser médico en una sociedad que negó en algún momento la condición humana del negro; hasta hoy no llegan a saber que en la Guerra del Pacífico no solo brillaron los Grau o los Bolognesi y mucho menos saben que un diplomático zambo de inicios del siglo XX planteó soluciones a los problemas limítrofes post conflicto con Chile o que tuvimos entre nosotros a un sociólogo que desde la visión afroperuana propuso una nueva visión del Perú. El desconocimiento general de estos hechos ha mermado nuestro análisis histórico sin que lo notemos con el peligro de ser borrados de nuestro legado para la posteridad. Afortunadamente, organismos creados por los propios afroperuanos vienen dando solución a tales vacíos históricos.
Y es esta la clave para mantener vivo el saber negro del país. En vista de que no llegaremos a nada si seguimos esperando que la historia oficial reconozca, por fin, el aporte de la negritud peruana al desarrollo del país, desde nosotros mismos debe partir el trabajo de revalorar la participación afroperuana en las distintas etapas de la historia que le tocó vivir desde la llegada de los que iniciaron el camino provenientes del Golfo de Guinea y espacios afines. Fuimos importantes en el ámbito cultural, político y deportivo del país pero la sociedad peruana, obnubilada por la historia narrada en los libros de Editorial Santillana y bombardeada por la influencia de estándares venidos del otro hemisferio termina quitándonos todo mérito y olvida de esa manera nuestro rol en todas las épocas mencionadas líneas arriba.



Esta situación nos lleva a la más nefasta consecuencia originada por ese ocultamiento del aporte negro. El racismo por estos días está más vivo que nunca a pesar de todas las campañas, alertas, llamados a la consciencia y demostraciones habidas y por haber. No importa cuán civilizados afirmemos estar pues en el momento menos pensado alguno de nosotros recibirá una ofensa por su color de piel sin siquiera haber dado motivo para ser fustigado de esa forma. No interesa cuánto hayamos avanzado tecnológicamente pues esos mismos avances son usados para difundir todo el odio latente en la mente de buena parte de nuestra población, la cual a través de las diversas redes saca a relucir el pensamiento arraigado desde que Pizarro ancló en suelo tumbesino. Estas actitudes no decaen en otra cosa que en la discriminación hacia quienes sean considerados como inferiores a quienes profieren el odio hacia el otro y si el hombre andino cayó en ese deleznable círculo vicioso, del mismo modo el negro nunca estuvo exento de las ofensas. Muy por el contrario, no contentos con insultarlo, también lo han tomado como un motivo de regocijo entre aquellos que aseguran en su interior ser dueños de la verdad absoluta y en este aspecto, la lucha debe ser incansable.


Por suerte no todo es desgracia para los afrodescendientes en el Perú. Como se dijo en párrafos anteriores, existen organizaciones que han tomado la posta de Nicomedes, Victoria y “Pepe” en lo que respecta a realzar el legado negro y reafirmar una identidad entre todos los vinculados a esta gran familia y a 10 años de haberse declarado esta nuestra fecha, es deber de todos los que nos hallamos inmersos en este hermoso mundo de la negritud, continuar con el trabajo por más pequeño que sea el aporte, ya sea dentro de un partido, un grupo o una simple tribuna como la que hoy les manda este mensaje. El camino aún es largo y por tal motivo, toda contribución a este trabajo será bien recibido por lo que la memoria de los negros viejos seguirá entre nosotros y los checos y tamboretes nunca dejarán de sonar. Feliz día.