jueves, 28 de abril de 2016

Copa Presidencial 2016


Por Luis R. Carrera


El pasado 9 de abril del presente año concluyó la fase regular de un campeonato que no solo erige a un vencedor sino que además. la definición de este campeonato terminará rigiendo los destinos del país esté o no de acuerdo la hinchada con el resultado. A continuación se mostrará el desarrollo de la copa y la tabla de posiciones final:

Keiko: El equipo líder con triunfos obtenidos en mesa se logró afianzar en la tabla gracias a los puntos que ROBÓ de visita y en una que otra urna. Hoy, por obra y gracia de organismos reguladores y la falta de memoria de la hinchada, es puntera absoluta pero al no haber podido sustraer los puntos necesarios para campeonar, tendrá que jugar un repechaje con el segundo puesto.

PPK: Con refuerzos extranjeros y ahora sin mascota, este cuadro prácticamente de “masters” supo valerse de los puntos dejados por el equipo morado y el cuadro ‘millonario’, los que hicieron más por él que su propia campaña, logró llegar sorpresivamente al segundo lugar cuando todos avizoraban un partido de despedida de todo el plantel y tras haber superado a su par (aunque en la realidad no tan par) cusqueño, jugará el play-off con Keiko.

Vero: Se proyectó formar un buen plantel desde su ascenso el año pasado con elementos de la Ciudad Imperial, pero cargó también con refuerzos limeños clasemedieros. Afortunadamente pudo ver a tiempo qué había más allá de los flashmobs en Miraflores y armó un equipo competitivo con refuerzos de muchas partes del país, aunque siempre con un remanente capitalino, y peleó el título hasta el final. Ahora con una clasificación a Sudamericana asegurada, debe llevar de la mejor manera las siguientes temporadas si es que en el futuro no quiere acompañar a la Tía Regia en Segunda.

Barnechea: Se perfilaba como otro equipo que iba a capitalizar los puntos de los desafiliados como los equipos que lo antecedieron, pero los partidos que cedió de local le pasaron factura, más aún cuando de visita no logró punto alguno y un chicharrón valió más que su idea de juego. Si se mantiene la base del equipo y refuerzan las canteras, el virrey y su gente tendrán claras opciones de pelear el título el próximo torneo.

Alan: La escuadra de los narcoindultos decidió apostar por lo mismo de siempre creyendo que recurrir a las viejas figuras le bastaría para volver a encandilar a la afición, pero no contaban con que los hinchas ya sabían de memoria cada jugada suya y ni les importó verlo en la cancha. Sus rivales de turno también conocían su juego por lo que les fue fácil doblegarlo, al punto de que su clásico rival lo goleó sin piedad. Se quedó en primera más por pena que por méritos propios.

Goyo: Frente a la presión de los de arriba para que siga los pasos de la escuadra humanista y de la amarilla y resigne la categoría, este aguerrido cuadro opuso férrea resistencia y permaneció en la competencia. Imbatible de local, consiguió los puntos necesarios para moverle el piso a los interesados en mantener la idea de juego predominante y meritoriamente, aunque con un poco de recelo por parte del equipo cusqueño, se mantuvo en Primera.

Popy: Hasta las fechas finales del torneo era el colero absoluto, pero le bastó ver que tenía en frente al clásico rival para jugar como no lo hacía desde la época de los vladivideos y aplastó sin piedad a un plantel que ni en su feudo aprista era aceptado. Este envión anímico y el apoyo de la hinchada por esta hazaña ayudó al cuadro de la escoba a mantener la categoría, para sorpresa hasta del propio Olivera.

Toledo: Otro equipo que, al igual que Alan, no apostó por sus canteras y dejó todo en manos de su líder “sano y sagrado”. Las consecuencias fueron que ni de local pudo hacerse fuerte, entre otras cosas por confundir el fulbito con el fullvaso, y fue avasallado por sus contrincantes. Su permanencia está en duda aunque todo indica que saldrá de la División de Honor, sin honor.

Miguel Hilario: Su poca experiencia en la Profesional le impidió sacar cara por el interior del país y aunque mal que bien pudo obtener algunos resultados positivos en su tierra, eso no alcanzó para mantener el nivel que la competencia exigía y pese a que dio su mejor esfuerzo, perdió la categoría. Esperemos que haya aprendido lo suficiente de esta incursión en Primera y logre consolidar un plantel de cara al futuro.

Ántero: El ser otro equipo de “masters” como PPK pero sin jugadores aptos para competir en esta Copa le pasó factura a la escuadra felina, de la cual la gran mayoría no sabía de su existencia durante gran parte del torneo. Sin imponer condiciones ni de local ni de visita, el destino de este cuadro no era otro que la Segunda, división de la que probablemente no regrese.

Terminada esta parte del torneo y según los resultados, quedó definido que serán Keiko y PPK los equipos que, por haber quedado en primer y segundo lugar respectivamente, jugarán el play-off por el título. El encuentro será a partido único en la sede del Jurado Nacional de Elecciones (es decir, Keiko será local). De quedar empatado el compromiso, ambos equipos irán a tanda de penales (comenzando por la Base Naval) hasta definir al campeón de la Copa Presidencial.

Se nos viene la final menos deseada por las grandes mayorías pero que nosotros mismos ayudamos a definir.  Ni modo, el  Perú lo quiso así.


lunes, 4 de abril de 2016

"Pepe" Luciano para todo el mundo



Por Luis R. Carrera

Es triste cuando se pierde a alguien de manera inesperada y repentina, ya sea dentro del entorno familiar o círculos cercanos, y el pesar es mayor cuando descubres que ese alguien trataba de enriquecer a una sociedad tan contrariada como la nuestra, la cual si por estos días padece para hallar la ansiada consolidación, mayor era la angustia por esos años en los que este amauta contemporáneo nos dejó. Aquel hombre que si bien no era el enviado por los apus que aparentemente estuvimos y seguimos esperando para nuestra redención pero sí alguien que contribuyó a crear una nueva visión de país era nada más y nada menos que José Carlos Luciano Huapaya. “Pepe” para los amigos.

Nacido en Lima el 8 de marzo de 1956, pasó los primeros años de su vida recibiendo la formación de 2 tradiciones afroperuanas al ser de padre chinchano y madre maleña, pero producto de una aculturación que él explicaría muchos años después, no se percibía a sí mismo con una identidad en particular (historia que no me es ajena), hasta que el racismo, viejo conocido en nuestro devenir, llegaría a él desde muy joven. Al ser uno de los más destacados alumnos de su clase, fue víctima de envidias y entredichos que cuestionaban que un negro se halle tan capacitado para el estudio. Es que claro, alguien como él debería estar dedicado a la chacota para luego de terminar la secundaria dedicarse a cuidar casas, lavar el carro de algún Miró Quesada o por último, ponerse a vender su ranfañote, jugar su pelotita, tocar su cajón o hacer otra de esas cosas que le gustan. Qué es eso de andar estudiando y querer ser profesional, habrase visto.

Fue al ingresar a San Marcos que descubre su negritud; esto gracias a la amistad que entabla con José “Cheche” Campos, estudiante al igual que él y que había tenido la inquietud de indagar en su pasado más allá de lo familiar mucho antes que “Pepe”, quien para ese momento trataba de hallar algo más que el materialismo histórico y las variantes del mismo que inculcaban sin peligro alguno de ser tildado de "rojete" o resentido social (tiempos aquellos). Es “Cheche” quien lo ayuda a visualizar otros rumbos del análisis social y qué mejor camino que el conocer los orígenes propios, más aún en una época en la que por estas tierras, al zambo solo se le destacaba por ser de Chincha, parece que todos eramos por defecto oriundos de esta provincia, y jugar bien al fútbol. Por tal motivo es que Luciano decide emprender junto a su futuro yunta de mil batallas emprender un camino que afortunadamente no se ha dejado de lado tras su partida.

Para la década de 1980 ya se encontraba trabajando en el Instituto de Investigaciones Afroperuanas (INAPE) dirigido por su amigo Campos y a partir de ahí intensifica su plan de recorrer todo pueblo habido y por haber en el que existía algún vestigio, por más vetusto que fuese, de la historia negra del país. Fue así que logra vincularse con quienes vivían en tales pueblos y ciudades, de los que rescataba su pasado por medio del mecanismo más efectivo para conocer lo sucedido con quienes no tienen una historia escrita, como nos ocurre a todo negro que ronda por este mundo: la tradición oral. Es a través de los recuerdos y costumbres de los habitantes de cada lugar visitado que de a poco se fue reconstruyendo el devenir de la población afroperuana, tantas veces negada por la historia oficial.

Gracias a esta iniciativa contribuyó al fortalecimiento del trabajo que venían haciendo años atrás organizaciones culturales como Teatro y Danzas Negras del Perú y Perú Negro, pues ya no solo hablaban de lo negro desde el ámbito artístico sino que ahora se luchaba por conocer el rol histórico del afroperuano a lo largo del tiempo y otorgarle un mejor posicionamiento del otorgado en base a sus aportes en lo artístico y en todos los campos posibles. Estos esfuerzos y su trajinada labor en el Instituto de Defensa Legal (IDL) lo acercarían a agrupaciones nacientes en esa época como el Movimiento Negro Francisco Congo, organización de la cual se convertiría en mentor algún tiempo después.

Si hay algo que caracterizó al buen “Pepe” fue su capacidad para sintetizar sus argumentos de manera que estos sean fáciles de comprender por todo tipo de audiencia pues él deseaba que el trabajo que venía realizando desde la sociología y la experiencia propia llegue a oídos de la mayor población posible. A su parecer, ya era tiempo de que tengamos consciencia de dónde provenimos, cuál ha sido el papel que nuestros ancestros jugaron y el porqué de la situación en la que ahora nos encontramos. Tales apreciaciones no se centraban únicamente en lo negro pues él afirmaba que el aislamiento y marginación también lo sufrió el hombre andino por lo cual, era realmente necesario tener presente que problemáticas que aquejaban, y nos siguen aquejando, como el racismo continuarían si no percibíamos el desarrollo del mismo. Es ahí que entra a tallar la mentada aculturación que no es otra cosa que la pérdida de nuestra propia identidad por cederle lugar a una cultura ajena, ya sea por imposición o necesidad. Tales palabras pueden ser leídas en la compilación “Los afroperuanos. Racismo, discriminación e identidad” que el Centro de Desarrollo Étnico (CEDET), organismo de la que formó parte los últimos años de su vida, publicó hace algunos años. Al leer ese documento podrán comprobar que sus intervenciones pese a tener más de 15 años la más reciente, se verán tan cercanas a nuestro contexto pues aquello que él planteara décadas atrás se sigue sufriendo hasta nuestros días.

Lamentablemente la vida no le dio el tiempo necesario para seguir afianzando sus ideas y el cáncer lo alejó de este mundo el 8 de abril del 2002. Han pasado ya varios años de su partida y como se dijo líneas arriba, no ha sido en vano su labor y todo lo que expuso en vida pues afortunadamente se sigue rescatando su memoria a través del recuerdo de lo que alguna vez expusiera en conferencias o algún manuscrito elaborado a la volada pues no llegó a hacer un libro completo que de inmensa ayuda hubiese sido para la negritud peruana, la cual sigue tratando de comprender su propia historia fuera de los preceptos establecidos y los estándares de toda la vida, como nos lo había inculcado. Que Elegguá y Changó lo tengan en su gloria.  






Referencias:


·   Cimarrones, Comunicación interétnica global, Libro de Pepe Luciano: Los Afroperuanos. Trayectoria y destino del Pueblo Negro en el Perú. Disponible en: http://www.cimarrones-peru.org/pepe.htm

·  Rosina Valcárcel, El amauta negro, José Carlos Luciano, 2009. Disponible en: http://www.noticiasser.pe/opinion/el-amauta-negro-jose-carlos-luciano

·      Luis Rodríguez Pastor, 60 años del líder afroperuano José Carlos Luciano, 2016. Disponible en: https://rocolaperuana.lamula.pe/2016/03/08/60-anos-del-lider-afroperuano-jose-carlos-luciano/luchitopastor/

·   José Carlos Luciano, Los afroperuanos. Racismo, discriminación e identidad, Centro de Desarrollo Étnico – CEDET, 2012. 

martes, 2 de febrero de 2016

Rimas para el Rimac



Historia y tradición
en un mismo lugar
del cual afirmo sin dudar
que es mi Rimac de corazón.

Cuna de criollos y jaraneros
salidos de las quintas de antaño
los cuales año tras año
se volvían más pendencieros.

Pero esta vaina da para más
si queremos ensanchar estas rimas
pues la historia del Rimac,
viene de más atrás.

Ya pasados los Incas
y la época del tambo
surgió en esta finca
el barrio de Malambo

Curioso sincretismo se formó
entre indio y negro congo
luego de que este último exclamó:
La fulería yo la pongo.

Por esos cerros en los que al andar te caes
la algarabía continuaba,
y por tal motivo se consolidaba,
la Fiesta de Amancaes.

Pero más allá de este agasajo bonito
podemos hablar de lo aquí creado
y qué mejor legado
que los monumentos del distrito.

Tenemos la Plaza de Acho,
la Alameda y la cruz del San Cristóbal
y no te la cuento toda,
porque tienes que venir pues caracho.

En el deporte fuimos mito
con el querido Sport Progreso
Pizarro, CADRE y Aromito,
hay que llegar a eso.

De nuestros 'llonjas' y solares
sacamos Amor fino y festejo
además de otros cantares
pa’ que te hagas más pendejo.

Y si quieres otra quimba
Los Pakines dicen presente
ya ni te cuento que “Abajo el puente”
ahora suena la timba.

Por eso el 2 de febrero,
cada quien celebra como puede,
y aunque en lo político estamos en debe
mi Rimac sigue fulero.



Luis R. Carrera




jueves, 21 de enero de 2016

Los revolucionarios del siglo XXI


Por estas fechas hace 4 años, esbocé una crónica dedicada a unos individuos inmersos en la actividad política cuyas particularidades los hizo rápidamente llamativos y pintorescos dentro de la fauna consciente y combativa. Fueron los herederos de la izquierda no tan radical de los años 70 y 80 (o al menos de eso tratan de convencerse) y por tal motivo recibieron rótulos y etiquetas que si bien pueden ser exageradas para ellos, tanto por temporalidad como por falta de méritos, los han marcado hasta el día de hoy y muchos de ellos poco o nada han hecho para escapar de dichos señalamientos. Hoy, amparados bajo la protección y solidaridad del frente rojiverde, tratan de evolucionar en su desenvolvimiento entre las masas populares y también en las altas esferas de sus correlaciones y tienen la esperanza de un resultado alentador en los comicios que se vienen ya que cómo se den las cosas en esta nueva jugada dependerá su subsistencia, al menos en lo estrictamente político. Es este aparente firme intento de supervivencia y madurez que se ven actualmente lo que me impulsa a volver a publicar este escrito ya que además de todo lo dicho, aún quedan aspectos mencionados en el texto que persisten en su comportamiento. Y tal como lo hice aquella vez, les vuelvo a desear las mejores vibras.

Sin más preámbulos ni odas al progresismo por hacer, aquí el texto:


Los revolucionarios del siglo XXI

En los últimos años, una nueva facción del progresismo ha visto la luz. Un contingente de individuos deseosos de entrar en la escena política (tanto nacional como universitaria) ha comenzado a activar en distintos espacios en donde por medio de formas originales y alternativas (así nos dicen) de activar, nos garantizan que en menos de lo que pensamos, la revolución estará en la puerta de nuestros hogares. A pesar de que sus orígenes se remontan a las últimas décadas del siglo pasado, fue recién en este último décenio que estos personajes comenzaron a aparecer en mayor cantidad que antes, ganando presencia entre la ciudadanía y llamando la atención por sus nuevas formas de lucha, las cuales se han hecho más notorias en lo últimos 2 años.
Basándose en su labor en distintos centros de ayuda y asistencia social (llámese ONG's, etc.) fueron desarrollando proyectos, eventos y ayuda en general hacia lugares donde el Estado se demoraba en hacerse notar o en la mayoría de los casos, nunca lo hacía. Su labor fue destacada en muchas ocasiones recibiendo financiamiento extranjero para tales proyectos, muchas de estas personas recibieron cierto reconocimiento y fue así como muchos empezaron a seguir con esta labor por su cuenta, o formando agrupaciones más pequeñas. Es decir, en el momento en que entrábamos a un nuevo siglo (y milenio de yapa) su labor asistencial marchaba bien y se les aplaudía por ello, hasta que un buen día, las influencias de la posmodernidad cayeron sobre estos personajes y comenzaron a involucrarse en todo lo que pudieran.
Aunque ya esta situación se había presentado años atrás, no fue sino hasta la década pasada que esta influencia se fue haciendo más fuerte y, por lo tanto, más notoria al punto de que, no contentos con tener el manejo de muchos de los centros de proyectos y asistencia social antes mencionados, ahora también pugnaban por hacerse de un espacio dentro de las universidades.
Fue así como al inicio de la primera década del presente siglo, universidades como San Marcos y La Católica (principal centro de producción de estos individuos), ya mostraban que nuevas formas de lucha se venían formando al interior de sus distintos espacios, al punto de haber conseguido un considerable manejo de cierta escuela de mi facultad, remitiéndonos al caso sanmarquino. Estas formas alternativas de participación (palabra clave en algunos aspectos relacionados al nuevo contingente) fueron ganando la simpatía de muchos estudiantes quienes cayeron en su juego ya que vieron en ellos un estilo original de organización.
Del mismo modo ocurrió en las calles. El contingente ya mencionado ya era considerado un grupo, el cual, con la posmodernidad a flor de piel, enfocaba sus deseos de trabajar o activar hacia reivindicaciones de las cuales querían ser partícipes y, por qué no, caudillos. Y así, mientras el común de la gente pensaba en cómo conseguir un mejor empleo, cómo evitar que sus hijos les sigan sacando plata o si Perú clasificaría al Mundial esta vez, ya éramos testigos de la creación de eventos político-culturales en donde uno podía notar la presencia de estos nuevos "camaradas". Las elecciones municipales del 2010 jugaron un papel fundamental en el desarrollo político, económico, ideológico, social y etílico de los nuevos activistas.
Estos eventos político-culturales, han sido de mucha importancia y sirvieron para entretener y, al mismo tiempo, concientizar a la población (otra palabra clave). Su labor estaba siendo del agrado de mucha gente, aunque con críticas de por medio, y se les estaba dando cierta importancia, hasta que la posmodernidad dijo otra vez presente y las actividades político-culturales se inclinaron hacia lo primero, tratando de emular a sus ídolos que triunfaron en los 80. A partir de ese momento, estos nuevos impulsores de la reivindicación y la inclusión social comenzaron a hacerse cada vez más pintorescos y, en ocasiones, estrafalarios. La idea de ser ellos la vanguardia dentro de la izquierda peruana fue calando cada vez más hondo dentro de sus mentes y en cada evento que se realizaba siempre los veríamos ahí, tratando de estar en primera fila, peleando palmo a palmo por tomar aunque sea 2 o 3 veces el megáfono para así hacer notar a la ciudadanía que ellos serían los que nos llevarían a algo más grandioso, inclusivo y revolucionario que el peronismo de 'Bombita' Rodríguez.
Hasta ahí, salvo ciertas exageraciones con risas de por medio, el accionar era aceptable ya que la intención es lo que cuenta, como dicen por ahí, pero todo hubiera sido mejor si muchos de esos mismos que ya para este entonces se nos mostraban como los abanderados de la inclusión social, se hubieran creído por lo menos 2 horas al día su propio discurso. Es sabido que muchos de estos individuos (de los cuales ya a estas alturas deben haber recordado cómo se les llama cuando están en conjunto) muchas de las cosas que dicen o hacen con megáfono en mano, son dejadas de lado una vez que cruzan los umbrales de sus casas, en donde una vez que llegan de una agitada movilización, encienden sus modestísimos LCD mientras piden a su empleada que les sirva la comida y que no salga de la cocina si es que no se les llama para algo (tamaña inclusión social que espero no se cumpla en todos los casos).
Si es que alguien hasta ahora no ha logrado adivinar sobre quiénes estoy hablando o no los puede sacar a simple vista, les soltaré algunas características: Si van a algún evento o acto político-cultural (nuevamente la palabrita) organizado por la Municipalidad de Lima o asociaciones afines, verán que entre el público habrán ciertas personas vestidas de verde (en sus distintas tonalidades) y a su vez, ataviadas con cierto tipo de indumentaria autóctona que estarán buscando una forma de hacerse notar ya sea tomando la palabra o con su sola presencia. Con estos datos es muy poco probable que los vuelvan a perder de vista en algún otro evento que se lleve a cabo en la Plaza San Martín.
Con todo lo expuesto, no estoy denigrando la labor que hacen principalmente, los que crean y promueven estas actividades, ni mucho menos restar mérito a las ganas de trabajar de algunos miembros del conglomerado mencionado con anterioridad, pero lo que sí sería bueno es que se den cuenta en dónde están parados y que entiendan que el reivindicar no solo implica ponerse un chullo o una pollera en algún flashmob que se de en algún lugar de la capital (de preferencia cine) o decir que uno escucha a Bareto, La Sarita o La Nueva Invasión todo el santo día, ni tampoco se es revolucionario poniéndose adelante en alguna marcha para luego no saber por dónde salir cuando se tiene a la policía en frente. Así que, es necesario que este consejo se tome en cuenta antes de que se quiera impulsar algún otro besatón o se esté inmerso en alguna marcha de cuadra y media. Fuera de todo esto, mis queridos hueveras de esturión (remitiéndome a un conocido Panfleto de Facebook), desde aquí les mando todo mi cariño y mis buenas vibras, continúen con lo suyo no sin antes darle una pequeña revisada a estos tips que he plasmado en este escrito, como para que bajen un poquito cualquier atisbo de posería. Una vez hecho esto, sigan adelante, mucha suerte en todo. Al menos ustedes no piden amnistía.



Lima, 17 de enero del 2012


martes, 10 de noviembre de 2015

El valiente de Jirón Huanta



Por Luis R. Carrera

Aún con algunos dolores por las balas en su columna, sale nuevamente por La Cachina y alrededores a vender lo más que pueda de su caja de golosinas, elemento que más que su medio de trabajo se ha convertido en un aliado estos últimos años. El contacto con la gente y el acrecentar de vez en cuando sus ventas le ayudan a levantar el ánimo en estos tiempos difíciles, lo que le ayuda a tomar con menos resignación el saber que no puede levantarse de esa silla de ruedas en la cual se halla desde aquella matanza que si bien no le quitó la vida, se la cambió por completo aquella noche.
Ese hombre que ahora se apresura en vender sus galletas y caramelos y por mucho tiempo clamó justicia es nada menos que Tomás Livias Ortega, sobreviviente de aquella pollada en Barrios Altos que significó la muerte de inocentes que pagaron las consecuencias de un supuesto error de ubicación por parte de paramilitares que respondían por aquel entonces a un gobierno que aunque estando en ciernes, ya daba visos de lo que podía ser capaz desde la interna. Fue sin duda Tomás uno de los más afectados de tal barbarie pues no solo quedó paraplégico de por vida sino que además perdió a su esposa, quien fue una de las víctimas que padecieron por obra y gracia de un plan elaborado en rincones más recónditos del fenecido (esperemos que para siempre) SIN para combatir el terrorismo sin confirmar su afiliación a Sendero Luminoso ni mucho menos considerar el entorno porque claro, si uno era “terruco” todos los que lo rodeaban debían serlo. Curiosa lógica la de Martin Rivas y compañía.



Desde aquel fatídico 3 de noviembre de 1991 la vida no fue la misma para Livias. Postrado en una silla de ruedas al no podérsele extirpar las balas que impactaron su columna, tuvo que hallar por cuenta propia un medio alternativo para subsistir al ya no poder ejercer como heladero. A ellos se suma la indignación en la que se sumió junto con los otros sobrevivientes al saber que el crimen quedaría impune pese a las denuncias e investigaciones que ya se habían abierto para esclarecer la masacre. No se contaba con que en los años siguientes al autogolpe de 1992, lo poco que se había investigado se juntaría como un pendiente, y nada más que eso, al lado de los expedientes de La Cantuta, Ernesto Castillo Páez, los sobrantes de las denuncias por El Frontón que el APRA olvidó eliminar y un par de hojas del caso del “Monstruo de Armendáriz”. Casi nada.
El buen Tomás, pese a todo, intentó sobreponerse a los dolores que le causaban la falta de medicinas, la pobreza a la antaño lo complicaba y a la que ahora parecía condenado y salía a las calles a vender, cambiando por razones de fuerza mayor, su viejo carrito amarillo, el mismo que lo acompañó por 13 años, por una silla que terminó por convertirse en una de las pocas pertenencias que podía poseer. Por desgracia, el poco aliento que recobraba en cada venta se desvanecía cada vez que acudía a un tribunal a denunciar los hechos, pues la Ley de Amnistía terminaba por diluir toda esperanza de justicia por parte de los deudos y afectados de la matanza, entre los que destacaba la figura del buen Tomás, amparando a los culpables del delito. Fue así que desde su silla terminó por tomar la resignación como parte de su vida cotidiana. La soga se rompe por lo más delgado, sentencia un refrán del tiempo.



Con todos estos problemas, trató de seguir con su vida vendiendo sus golosinas para así conseguir al menos una parte de las medicinas que necesitaba. Ya bastante tenía con el dolor de no poder hacer justicia para que además tenga que soportar el dolor que le ocasionaban las balas en su interior. Paralelamente, se veía obligado a prepararse no solo con argumentos, sino también emocionalmente cada vez que tenía que volver a los tribunales, ya que una vez instalado en la sala, había que hacer frente a las humillaciones que la defensa de los criminales le hacía por lo bajo debido su minusvalía y a las amenazas por parte de este sector para que no siga declarando, cosa que no lo atemorizaba pero que acrecentaba su malestar hacia la dictadura fujimorista. Estas dos actividades, el vender su producto y el defenderse de la bajeza de los abanderados de la impunidad, se convirtieron por más de una década en la rutina que lo sumió en constantes depresiones, las que aparecían de improvisto en su vida en cada evocación suya de sus amigos y su esposa, asesinados en aquella fatídica reunión en Jirón Huanta.



El paso del tiempo fue trayendo noticias reconfortantes tras años de sufrimiento y con ellas pudo ver una luz de esperanza tras años de ardua lucha. A partir de las investigaciones de la CVR, diversos organismos nacionales e internacionales decidieron hacerse cargo del inconcluso caso y fue así como se volvió a tener en cuenta que un grupo de deudos llevaban mucho tiempo anhelando justicia. La detención y posterior apresamiento de Alberto Fujimori terminó por facilitar las cosas, para beneficio del mencionado y el resto de involucrados. Fue así que en abril del 2009, APRODEH salió en su defensa en los tribunales y pese a los manotazos de ahogado de César Nakasaki, se pudo hacer justicia tras casi 18 años de espera. Se dictó la histórica sentencia y Alberto Fujimori fue condenado a 25 años por los crímenes de La Cantuta, Barrios Altos y los Sótanos del Servicio de Inteligencia. Aquel día Tomás sonrió como no lo hacía desde que se divertía con sus colegas en la pollada momentos antes del abrupto ingreso de “Colina”.




Aún con algunos dolores por las balas en su columna, mucho menores que los sufridos en el pasado gracias al apoyo de la Cruz Roja Internacional, Tomás Livias sale a las calles a vender la mercancía de siempre con un semblante distinto al de hace una década. Es consciente de que esa silla de ruedas será su fiel aliada hasta el final de sus días pero eso ya no le afecta como antes. Hoy se respira un clima distinto, libre de humillaciones y amenazas para él pues Martin Rivas completa hoy la triada de condenados por los crímenes ya mencionados (Montesinos no debe pasar desapercibido en este recuento), además de otros tantos implicados, lo que le da algo más de paz a la vida del ex heladero quien si bien no ha logrado salir de la precaria situación en la que ha vivido todo este tiempo, puede continuar con su derrotero teniendo la certeza que aquellos que perjudicaron su vida y la de muchos otros, se encuentran donde deben estar.  




Referencias



sábado, 31 de octubre de 2015

Pintando la resistencia



Por Luis R. Carrera

Han pasado 4 años desde que me trajeron de esas costas de Panamá y 6 desde que me sacaron de mi lugar de origen. Todavía está grabado en mi memoria el momento en que esos hombres armados nos sacaron a la fuerza de las majestuosas tierras Ndongo, donde combatíamos duramente bajo el mando de nuestra reina Nzinga, para obligarnos a trabajar a su servicio. Muchos de mi pueblo y de otros tantos murieron dentro de esos barcos en los que nos tenían apresados y los que sobrevivimos resistimos todo lo que pudimos pero fue su armamento el que terminó decidiendo nuestra suerte. Aún hoy quedan algunos con vida, condenados a servir a aquellos que se dicen superiores sin comprender aún la razón de tan horrendo castigo. yo aún no lo comprendo pese a que pasé tanto tiempo en esa condición hasta que pude obtener la libertad, aunque a costa de mi salud. Nunca pensé que una enfermedad resultara tan beneficiosa como lo fue el día que me dejaron a mi suerte por esa bendita fiebre amarilla. Me llaman Benito pero en realidad soy Pedro, nombre que me dieron antes de llegar aquí. Mi verdadero nombre lo guardaré para mí y los míos pues sería un esfuerzo vano el querer que los demás apenas lo puedan mencionar sin rastro alguno de sorna o malicia.
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Mientras trato de construir mi porvenir en esta Ciudad de los Reyes, me queda al menos la dicha de poder estar con los míos en Pachacamilla. Hace unos meses que levantamos una cofradía en estos terrenos por encontrarse alejada del tumulto de la Plaza y de las injurias de los blancos. Gracias al apoyo de esclavos y libertos tenemos ahora espacio que por más humilde que les pueda parecer a los criollos y demás, nos permite expresar la alegría que en sus casas nos está prohibido sentir pues sus ínfulas no la aceptan y tratan de envalentonarse con amenazas pero sé que en el fondo de su alma, vernos altivos y llenos de vigor es el mayor de sus miedos. Para suerte nuestra casi no los vemos por las calles aledañas a la cofradía, excepto cuando algún sacerdote viene a supervisar lo que estamos haciendo.  En este lugar estamos reunidos congos, mandingas, mbundus como yo, mozambiques y hasta terranovos, como los llaman por aquí, quienes entre todos olvidamos nuestras diferencias y tratamos de conocernos mutuamente para tratar de ser una sola fuerza en esta tierra aún extraña para muchos de quienes habitan este espacio. Pese a ser grande la variedad de pueblo que confluyen en la cofradía, los blancos insisten en afirmar que somos lo mismo y que además carecemos de alma. ¿Es que acaso es tan difícil distinguir un congo de un mandinga? No eran tan superiores y desarrollados como creen, después de todo.

El problema de no estar tan alejados como quisiéramos de la ciudad es que en ocasiones tenemos que soportar la injerencia de quienes son ajenos a nuestra cofradía. Muchas veces han venido párrocos que nos hacen ir a la misa a adorar a su Dios. Aunque he notado que en el momento del culto vienen personas que dicen ser notables y traen a a sus esclavos, teniendo estos un momento de descanso de las agotadoras jornadas que sus amos les imponen. No dejan que nos acerquemos a ellos en ese momento pero podemos conocerlos y hacerles saber que tienen un lugar a dónde venir en su momento de descanso; por lo que a pesar de que quisiera dejar de venir a estos encuentros con el Dios de los blancos, se podrían estrechar vínculos con los esclavos que no conocen nuestro reducto o no lo sé, tal vez es solo una de las tantas ideas que cruzan por mi mente en momentos como este. El párroco dice que podemos ir en paz; es hora, al fin, de volver a Pachacamilla.

Tiene que haber alguna manera de sumar fuerzas bajo ese culto al Dios de los cristianos sin necesidad de alejarnos de aquí por ir a la iglesia pues mientras más unidos estemos en el galpón, mayor será la resistencia que se pueda hacer. Trato de dejar un tiempo días para elegir alguna estrategia pero cada vez que retumban los tambores que alguno de nosotros se aventura a tocar en nuestras reuniones, algo en mi interior me llama a no decaer y continuar pensando en ello; lo he comentado con los miembros más antiguos y recibí su aprobación por ser un posible camino para unificarnos, además de que afirman sentir lo mismo que yo al escuchar nuestra música. No queda duda que esos tambores tienen un poder que solo los negros podemos percibir.
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Desde hace unos días ha nacido en mí el impulso de representar al Dios cristiano en nuestro propio galpón y al tratar de hallar la manera idónea de hacerlo conseguir algo de la pintura con la que arreglaron la iglesia, y algunas acuarelas, y empecé a recrear la imagen del Cristo crucificado que vi en la misa; actitud que aún me sorprende pues mi conocimiento en estas artes es por demás escaso pero con toda esta limitación, algo me llama a tomar los pinceles y comenzar, aunque sigo sin entender ese afán que los blancos tienen de enaltecer la imagen de su Dios derrotado, sufriendo y al borde de la muerte. Me está quedando tan igual como el que hay en la iglesia pero siento que esta imagen necesita algo, mas, algo que se diferencie de las otras representaciones y que al mismo tiempo se acerque a lo que somos nosotros, pues el Cristo que siempre vemos no lo sentimos del todo nuestro como los otros lo tratan de hacer ver entre los nobles y sus demás iguales, y creo haber encontrado la esencia que buscaba.
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Luego de un arduo trabajo, nuestro Cristo negro está listo. Tenía que ser una imagen como esta pues pese a que el Santo Oficio no se mete con nosotros, siempre es bueno hallarnos lo más lejos posible de alguna de sus injuriosas acusaciones de herejía. Pero lo que ahora importa es que mi obra está terminada y ni la presencia de algunos extrañados que vinieron a supervisar lo que hacía pudo interrumpir esta hermosa pintura. En el galpón todos aprueban mi creación y su alegría es tan inmensa que vuelven a retumbar los tambores, esta vez sin temor a que los blancos nos escuchen. He encontrado el sentido de la pintura: El ser un Cristo negro ha hecho que nos identifiquemos con su forma, pues lo vemos como un miembro más de la cofradía y ese vínculo que se ha establecido nos impulsa a adorar también a nuestros dioses. Esa es la unión en la que estuve pensando por mucho tiempo y hoy es posible.
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No me siento bien. Creo que nunca llegue a curarme del todo de esa fiebre amarilla porque el momento por el que estoy pasando me hace pensar que aún conservo secuelas de la enfermedad, o quizá es otro mal que haya adquirido porque lo que siento me debilita pero no es tan apabullante como la fiebre. Todos esta  preocupados por mí pero yo les digo que no po, hagan porque no es tan grave y así lo siento; hay debilidad mas no dolor. Es más, en este momento creo ver una luz que cae del cielo directo hacia mí. ¿Será Oggun? ¿Será Changó? ¿Será el Dios de los cristianos? Quien sabe, yo solo me dejaré alumbrar por esa aura que me da una paz que ni aquí con los míos he podido sentir. Mi cuerpo no da para más, voy desfalleciendo y debería estar aquejado por la angustia pero no. Con las pocas fuerza que me quedan veo la imagen del Cristo negro y siento, que me dice que está bien, que debo partir y así lo haré. Me queda la tranquilidad de haber podido concluir mi obra y creo percibir que aquí será cuidada como en ningún otro lugar. Adiós hermanos de la cofradía. Adiós Pachacamilla.




lunes, 12 de octubre de 2015

Palmas para el grumete



Por Luis R. Carrera

Hay personas cuyos actos terminan siendo determinantes en algún momento del devenir de un pueblo o incluso de un país y su nombre queda marcado para siempre en el imaginario popular y registrado en los archivos nacionales. Muchos de estos personajes reciben el calificativo de héroes y su legado se mantiene con el paso de los años. Del mismo modo, hay quienes pese a haber sido partícipes de un hecho clave en la historia de una nación y su nombre se entremezcla con aquellos que alcanzaron mayor magnitud y finalmente desaparecen del recuerdo de todos y lo que es peor, la historia hace poco o nada por evitar que aquello suceda.
Eso fue lo que sucedió con el personaje que a continuación mencionaré, quien compartió un momento histórico con el más grande héroe de la marina peruana pero que a diferencia suya, el nombre de este otro defensor de la patria casi no está registrado en la llamada historia oficial, la cual tiende a dejar de lado muchos nombres de personas que a pesar de haber participado en varios acontecimientos trascendentales para el Perú, esta historia los considera poco o nada importantes para las generaciones futuras.
Aquella víctima de esta “historia oficial” fue nada menos que Alberto Medina Cecilia. "¿Quién?" dirá usted. Pues este hombre fue un tripulante del célebre Monitor “Huascar” durante la campaña marítima de la Guerra del Pacífico en 1879, actuando bajo las órdenes del almirante Miguel Grau Seminario.
Nacido en el primer puerto allá por 1862, desde muy joven tuvo la vocación de unirse a la Marina y con tan solo 17 años decidió servir a su patria, en contra de lo que opinaban sus familiares y entorno cercano, zarpando junto con marineros, tenientes, capitanes y demás a una de las embarcaciones más emblemáticas de nuestra historia naval con el rango de grumete es decir, como un aprendiz de marinero que apoyaba a la tripulación en todas sus operaciones y faenas. Es por este cargo asignado que para el futuro sería conocido como el Grumete Medina.
Una vez a bordo del “Huascar”, Medina fue designado al batallón “Constitución” en el que fue agrupado junto con otros grumetes, negros al igual que él, quienes estarían bajo las órdenes de Grau durante toda la campaña.


Luego del arduo Combate de Iquique, en el que nuestro afamado monitor salvó el honor de la fuerza naval peruana en desmedro de haber perdido al “Independencia”, y de exitosos ataques a las bases marítimas chilenas, el monitor sufrió la emboscada liderada por el “Cochrane” y el “Blanco Encalada” en Punta Angamos aquel fatídico 8 de octubre de 1879. Medina fue testigo de la muerte de Grau, Elías Aguirre, Diego Ferré, etc., para luego ver cómo la embarcación a la que había servido caía en poder del enemigo, finalizando así la campaña naval. Medina y y otros grumetes sobrevivieron al ataque sureño y se convirtieron en héroes de guerra pero lamentablemente, su recuerdo no perduraría como el de los caídos en combate, pese a la labor cumplida durante la guerra en la que fueron atacados tanto por el enemigo chileno como por los propios peruanos, quienes en un acto de claro racismo llamaban “chivillos” al batallón de grumetes, término que puede sonar algo ligero pero que denota una cuota no tan desdeñable de escarnio por el color de los valientes. Actitudes como esa a 58 años de constituida la república no era nada para lo que vendría años después.


Terminado el conflicto, fue homenajeado junto con el resto de su batallón por el gobierno y posteriormente fueron invitados en cada aniversario patrio al desfile militar en el que cada uno de ellos lucía con orgullo el uniforme de grumete usado en los combates en alta mar,  además de ser invitado a las reuniones de sobrevivientes del “Huascar” pero todo quedaba en eso. Ya entrado el siglo XX, Medina se hallaba trabajando como fletero y ya para ese entonces, muy pocos recordaban que durante la guerra con Chile existió un grupo de afroperuanos que participaron activamente del conflicto, tanto en el mar como en la infantería, y así se empezaría a borrar del recuerdo de la gente a esos valientes hombres que arriesgaron su vida por la patria con la misma lealtad de aquellos que sí fueron registrados en los libros de historia y en las evocaciones populares.
Solo antes de su muerte, aquel valeroso grumete fue nuevamente agasajado por la Marina y se le reconoció como Caballero de la Orden de Ayacucho y nuevamente elogiado por los servicios prestados a la institución, pero ya para ese entonces casi la totalidad de integrantes del batallón “Constitución” había partido de este mundo y eso facilitó de alguna forma las cosas para la ya mencionada “historia oficial” puesto que no había mucho interés, aparentemente, en inmortalizar a un grupo de subalternos de una embarcación que no tuvieron un cargo relevante a bordo de la misma, y peor en ese momento en que quedaban muy pocos sobrevivientes de ese grupo. Laureado por la Marina pero sumido en la pobreza, murió en 1948 a la edad de 86 años.
Afortunadamente hoy se viene realizando un loable trabajo por reconocer de manera póstuma a aquellos combatientes que no solo han sido marginados por los registros históricos sino que, además, fueron presentados en la miniserie Grau, caballero de los mares con un aspecto como del que gusta PromPerú para su "multicultural" publicidad, borrando descaradamente el aporte afroperuano en la Guerra del Pacífico.  Por ello es que hoy se vuelve primordial compensar los años de injusto olvido pese a lo importante de su accionar. 
Ante todo lo expuesto, no queda otra cosa mas que ponerse la mano al pecho y pedir al pueblo peruano unas palmas para el grumete. 



Referencias